< la pistola.
—que os jodan.— su pensamiento se convirtió en palabras, en las últimas que soltaría para siempre. y disparó, dándose su propio final.
< nervios, miedo quizá, pero lo único que podía distinguir en su pecho era lástima. tuvo la oportunidad de agarrar la felicidad con las manos y tuvo que conformarse con rozarla con la punta de los dedos. los mismos dedos que ahora se aferraban al gatillo de >