En los círculos verdaderamente selectos del mundo, nadie hace fila para comprar un combo de cotufas.
Se las llevan discretamente al asiento acompañado de helado y de una copa de champán.
Resulta casi cómico observar a ciertos “nuevos ricos” del “tercer mundo”, empeñados en imitar lo que no comprenden.
Y más curioso aún es ver a quienes justifican el abuso, el robo y la usura como si fuese un símbolo de estatus, quizás es el más accesible al que pueden aspirar y pagar.
Escribiré un artículo sobre esto, cuando los sismos me dejen hacer otra cosa.
RESULTA QUE EL PERSONAJE PRINCIPAL de la historia de Venezuela es el único del que casi nadie considera necesario verificar nada.
¿Que Bolívar fue un genio militar? Claro. ¿Que España era un imperio monstruoso? Por supuesto.
¿Las pruebas?
Bueno… si Bolívar ganó, será por algo.
Ese ha sido, más o menos, el nivel intelectual del debate durante doscientos años.
Entre tanto, llenamos el país de plazas Bolívar, avenidas Bolívar, estados Bolívar, picos Bolívar, universidades Simón Bolívar, orquestas Simón Bolívar, órdenes del Libertador Simón Bolívar, premios Simón Bolívar y cuanto pudiera recordarnos, mañana, tarde y noche, quién era el bueno de la película.
Porque una estatua nunca ha demostrado nada. Pero impresiona muchísimo.
Ahora hagamos una locura: olvidemos durante cinco minutos el bronce, los himnos, las efemérides y los desfiles escolares de la infancia.
Abramos un libro. Pero no uno escrito para confirmar lo que ya creemos. Uno que pueda incomodarnos. Por ejemplo, 𝘙𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰𝘴 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘦𝘣𝘦𝘭𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘊𝘢𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴. Mmm… no se encuentra fácilmente desde hace dos siglos, pero podrán descargarlo más abajo en su edición original de 1829.
Y al empezar su lectura empiezan los problemas. Porque descubrimos que hubo contemporáneos de Bolívar que criticaron a este semidiós con dureza. No sólo los realistas, ni algunos cuantos independentistas sólo por envidia.
¡Qué falta de respeto! ¿Cómo se les ocurrió disentir antes de que nosotros naciéramos y pudiéramos enseñarles la versión correcta de la historia?
Pero la sorpresa grande es inevitable. ¿Quiénes eran realmente los realistas? Según el imaginario nacional, cuatro españoles con peluca explotando a millones de americanos desesperados por liberarse.
Suena bien. Tiene épica. Lástima que la historia real sea bastante menos cinematográfica. Los realistas eran, sobre todo, americanos. Y eran la mayoría de la población. Blancos. Pardos. Negros. Indígenas.
En otras palabras, los mismos a quienes supuestamente había que liberar.
Aquí el libreto empieza a tener serios problemas. Porque si la mayoría quería seguir perteneciendo a la Monarquía Hispánica, alguien tendrá que explicar de quién exactamente los estaba liberando Bolívar.
No se vale responder: «Pues de España», porque esa era precisamente la cuestión en disputa.
Tampoco se vale señalar una estatua. Las estatuas no responden preguntas.
Sólo señalan palomas.
Así que volvamos a la más incómoda de todas: si la mayoría era realista… ¿cómo terminó imponiéndose el bando minoritario que decía representarla, el de la llamada «independencia»?
Esa sí es una señora pregunta. Y, curiosamente, es la que no se hace nunca.
¿Será casualidad?
X. P.
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Venezuela se hubiese salvado si Chávez y María Corina hubiesen seguido sus verdaderas vocaciones: Chávez tenía que ser pelotero y @MariaCorinaYA actriz de novelas.
Bolívar fue el destructor del mayor imperio católico de la historia. Inauguró una deuda externa que tardó 108 años en pagarse. Sembró guerras, masacres y traiciones. Doscientos años después, seguimos gobernados en su nombre
1. Empezó matando a los suyos. La Guerra a Muerte, Trujillo 1813: firmó la orden de matar a todo español y canario, aunque fuera neutral, aunque fuera inocente. Vecinos, compadres, familia. Un genocidio contra su propia gente, por escrito y con su firma.
2. En Pasto asesinó cristianos e indígenas. Navidad de 1822: un pueblo entero castigado por no querer someterse. No fue combate, fue escarmiento. Mataron a los que rezaban y a los que solo estaban ahí.
3. Traicionó a Miranda, el hombre que lo hizo oficial. Lo entregó al enemigo en La Guaira en 1812 y él salió con salvoconducto. Miranda murió preso en Cádiz.
4. Traicionó a Piar, el general que le ganó Guayana. Lo fusiló en Angostura en 1817. El pardo que estorbaba.
5. Traicionó a Padilla, el almirante de Cartagena, fusilado en Bogotá en 1828 sin pruebas. Otro pardo, otro que estorbaba.
6. Traicionó a Cartagena, la ciudad que lo acogió derrotado en 1812 y le dio el ejército con el que se hizo famoso. Tres años después la sitió, patriota contra patriota, y la dejó desangrada justo antes de que llegaran los españoles a arrasarla. Así pagó.
7. Traicionó a su patria, a su gente, y hasta al marido de Manuela Sáenz, que lo trató como amigo.
8. Venezuela perdió cerca de un tercio de su población en su guerra. Haciendas arrasadas, generaciones borradas. De eso no nos recuperamos nunca.
9. Se declaró dictador en 1828. La Gran Colombia se deshizo antes de que él muriera. No dejó repúblicas: dejó cuarteles.
10. El empréstito de Londres de 1822 fundó las repúblicas en bancarrota. Venezuela terminó de pagarlo en 1930.
11. el peor legado: el culto. Guzmán Blanco lo inventó para gobernar sin oposición. Cada caudillo lo ha usado desde entonces. Chávez no profanó esa herencia. La ejecutó.
Cinco naciones liberadas, cinco naciones en guerra civil. Ese es el hombre que celebramos cada 24 de julio.
Hoy se cumplen 169 años del nacimiento del padre del Estado venezolano moderno que el maldito chavismo destruyó y que debe volver a construirse desde cero, corrigiendo lo requerido y adaptando lo necesario.
Y haciendo algo imprescindible: prohibir el socialismo y el colectivismo
Israel pone en práctica el principio de Tikkun Olam ("reparar el mundo") en Venezuela.
Ingenieros de las Fuerzas de Defensa de Israel trabajan junto a equipos venezolanos en La Guaira, compartiendo su experiencia en operaciones de rescate y recuperación. En este caso, dirigen la extracción cuidadosa de una familia atrapada entre los escombros, preservando la dignidad de las víctimas y evitando métodos que destruyan los restos.
Una labor humanitaria que refleja el compromiso de Israel de poner su conocimiento al servicio de quienes más lo necesitan.
Es decir, la culpa de que un dictador islamista no deje entrar a su país un barco lleno de maricos es de Trump.
Porque la izquierda siempre buscará negarse hasta a sí misma.
🚨Periodista al cineasta Nikolaj Arcel: "¿Por qué su nueva película "La tierra prometida" es 100% nórdica? ... sin gente negra, sin diversidad.
Mads Mikkelsen: "Hmmm, bueno, la película se desarrolla en Dinamarca en 1750."
Los maricorinos están histéricos porque John Barrett le puso la mano a Diosdado. Según ellos, eso ya es prueba suficiente de que son compadres. Pero no dicen nada cuando la señora invita a chavistas malandros, responsables de la destrucción del país, a sentarse en la misma mesa, habla de incluirlos, los obliga a aceptarlos y los mandan a tragar grueso.
La doble moral de siempre. No se toman el tiempo de entender cómo funciona la política ni de revisar antecedentes donde han ocurrido situaciones similares y luego… adiós.
También criticaban a Grenell por reírse junto a Maduro, ni siquiera piensan en lo que pasó después.
De verdad, no es tan complicado dejar de ser tan ignorantes y analizar las cosas de manera objetiva. Mírenlos aquí jijijí, jajajá.