— te quiero comer con la mirada… y un poquito más.
su tono fue algo inocente y juguetón, como la forma en la que se acercó a dejar suaves mordidas a lo largo de su mandíbula. aprovechando la cercanía, dejó un besito sobre su nariz.
— oye, bebé, ¿cuales han sido ↓.
—Claro que lo entiendo —respondió con una sonrisa suavizada; ¿cómo no hacerlo? Si justamente así se estaba sintiendo—. Pero entonces tampoco me mires tú así —rió inocente—, a no ser que todo lo que quieras comer sea a mí con la mirada, claro… entonces no vas mal encaminado.