Israel convierte el agua del mar en agua potable y el árido desierto en tierra agrícola. Y comos saben hacerlo, estan AYUDANDO a estados con sequías. No se va a privatizar el agua, el agua es un recurso público y lo gestiona y administra el gobierno federal de morena. ¡Piensen!
Los médicos y personal del sector público de la salud en México ganan lo mismo que gana uno de los becarios de los jóvenes construyendo el futuro, necesitan apoyo en marchas y uds creyéndose historias increíbles, racistas antijudías.
Me llegan convocatorias a marchas por el agua y publican videos y mensajes histéricos para salir en la defensa de la soberanía nacional y sacar a Israel de nuestro país. ¿No se dan cuenta que parecen niños embobados con un iPad siguiendo rumores absurdos?
Platiqué hace rato con una persona que odia a los judíos, tanto que no se para en Starbucks...
El tema es que anda aplicando para un trabajo en USA donde va a ganar 5 veces más que aquí... un fucking dineral y de 3 exámenes ya pasó 2 y ya tiene un pie allá prácticamente.
Le pedí el nombre de la empresa que tiene que ver con satélites... y pues le pregunté a Chatgipiti que si esa empresa tenía algo que ver con la comunidad judía y pues su CEO es judío, su planta y oficinas principales están en Israel... y pues nada, vi como el anticapitalista, pro-palestina, odio a muerte el sionismo, casi le da una parálisis facial.
¿Renunciará a sus sueños?
Eso pronto lo sabremos....
Prima di chiedere a qualunque ebreo di dissociarsi da Israele provate a trovare un palestinese che sia contrario ad Hamas o fateci vedere una protesta di musulmani contro il terrorismo islamico.
Poi tornate qui.
El problema, Tayla, es que el genocidio no se define por la cantidad de muertos, sino por la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal.
Hamás ha expresado objetivos genocidas contra los judíos en su carta fundacional de 1988. El 7 de octubre demostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar.
Israel, en cambio, sostiene que su objetivo militar es combatir a Hamás, no exterminar a los palestinos. Además, ha implementado medidas para proteger a la población civil, como corredores de evacuación, asistencia humanitaria y campañas de vacunación contra la polio.
Podés cuestionar las acciones de Israel. Lo que no podés es reemplazar los requisitos jurídicos del genocidio por una definición que se acomode a tu discurso.
Porque el genocidio es un delito definido por el derecho internacional, no una etiqueta que se adapta a las necesidades de tu retórica.
@___El_Patron_@RealArturoH Pues claro, genio, los israelís son potencia mundial en producción de agua potable. No necesitan el agua de México, no son tan idiotas como para tener que transportarla cuando son los más avanzados en la tecnología de desalación.
La patraña. La participación de empresas como Mekorot se limita acuerdos con la CONAGUA en la asesoría técnica, la desalinización, protección y recuperación de acuíferos.
No te preocupes, antisemita, no te van a envenenar los ríos.
In Gaza wurden seit 2023 mehr Kinder geboren, als Menschen gestorben sind. Habt Ihr schon mal von so einem Völkermord gehört?
Nein? Ich auch nicht!
Hamas-Fans und linke Aktivisten rufen es trotzdem auf jeder Palästina-Demo. Nicht, weil es stimmt, sondern weil sie Israel hassen.
Esa Palestina laica, no misógina, no homofóbica, vegana, democrática, libre y que ama a los perritos no existe.
No ha existido en el pasado, no existe ahora ni va a existir en un futuro próximo.
No importan tus buenos deseos: si apoyas a Palestina, apoyas a Hamas…
@ShockerTruth@GarzaGarciaJG Israel no da las armas directamente, es la corrupcion del país que hacen que queden en manos equivocadas. La culpa no es el fabricante, sino de quien decide usar el arma para matar.
No hay genocidio en Gaza
Bernard-Henri Lévy
«Israel genocida…»
Es la obsesión de Mélenchon y sus esbirros.
Es un tema de la precampaña presidencial en la izquierda.
Es una seña de adhesión, un eslogan que aparece en las pancartas frente a algunos institutos bloqueados.
La fórmula circula, se impone y se convierte en un santo y seña en peticiones de escritores, llamamientos de cineastas y declaraciones que acompañan a los festivales.
Habiendo tenido el temible privilegio de cubrir, a lo largo de mi larga vida, genocidios comprobados (el de los rohinyás de Birmania, los de Darfur y Bangladesh...) o de haber reflexionado sobre otros (el Holocausto, Camboya o, en La Pureté dangereuse, ya en octubre de 1994, Ruanda...), no puedo resignarme a esta abdicación de la inteligencia.
Y quiero explicar aquí por qué esta acusación me parece inepta, insensata y jurídicamente infundada.
No hay genocidio cuando se advierte antes de bombardear, como hizo el ejército israelí durante los dos años de intensa guerra.
No hay genocidio cuando se permite la llegada de ayuda humanitaria que, por cruelmente insuficiente que haya sido, nunca se ha interrumpido durante períodos prolongados.
No hay genocidio cuando, casi todos los días, se abren corredores de evacuación que permiten a los no combatientes llegar a zonas de refugio.
Se tiene derecho a considerar inhumanas estas exhortaciones a abandonar la propia casa antes de que sea pulverizada: una invitación a ponerse a salvo no es un genocidio.
Se puede considerar que no es vida verse llevado de un lado a otro entre campamentos improvisados, levantados a toda prisa, trasladados y vueltos a instalar: nunca he visto, ni en Mosul ni en ningún otro lugar, a un ejército que se tome la molestia de crear, en plena guerra, zonas de refugio de esa clase.
Se puede —y evidentemente este es mi caso— considerar insoportable la idea de decenas de miles de civiles muertos bajo el fuego de Israel después de que Hamás los convirtiera en escudos humanos. Pero ¿puede hablarse de genocidio cuando sabemos que ese mismo Israel organiza, al mismo tiempo, campañas de vacunación para cientos de miles de niños de Gaza? ¿O cuando facilita el traslado de otros niños, aquejados de enfermedades raras, a hospitales egipcios, emiratíes y jordanos?
Sé muy bien que el significado de la palabra ha cambiado desde Srebrenica y que la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso puede bastar para constituir un crimen de genocidio. Pero ¿dónde está la intención genocida cuando todos, a excepción de los ministros de extrema derecha Ben-Gvir y Smotrich, repiten que el fuego cesará cuando el enemigo deponga las armas? ¿De qué genocidio se habla cuando, hace un año, ya fuera bajo la presión de Estados Unidos, de los tribunales internacionales o de la conciencia de los israelíes, se negoció un alto el fuego que, aunque haya sido violado, sigue siendo hasta el día de hoy el marco de referencia de las partes?
No es cierto, por lo demás, que la Corte Internacional de Justicia, ante la cual Sudáfrica presentó una demanda, haya concluido que se trata de un genocidio.
Tampoco es cierto que el otro tribunal, la Corte Penal Internacional, pueda llegar a conclusión alguna, puesto que en realidad solo tiene competencia respecto de países que carecen —y no es el caso de Israel— de un sistema judicial digno de tal nombre.
Y en cuanto a la supuesta «unanimidad» de los historiadores del Holocausto, tras la cual se escudan los adversarios de Israel, sencillamente no existe: algunos (Omer Bartov, Amos Goldberg, Raz Segal) hablan, en efecto, de genocidio; pero la mayoría de ellos (especialmente en Yad Vashem y en el Wyman Institute de Washington) rechazan enérgicamente esa calificación.
En resumen, esta acusación es jurídicamente absurda y, en realidad, no tiene más que un efecto.
Demonizar a Israel atribuyéndole no un exceso de violencia, ni una desproporción en su respuesta, ni violaciones del derecho de la guerra, sino el crimen de los crímenes, el crimen por excelencia, el único que, junto con el crimen de lesa humanidad, es imprescriptible.
Insultar a cualquier judío que, en Francia o en cualquier otro lugar, exprese siquiera un ápice de comprensión o introduzca algún matiz respecto de la democracia israelí en guerra, exigirle que se justifique y, finalmente, exponerlo a la furia de las multitudes.
Y luego, evidentemente, ahogar bajo un torrente de desinformación y odio otro acontecimiento, aquel con el que todo comenzó y cuyo tercer aniversario deberíamos conmemorar todos juntos: el pogromo del 7 de octubre.
Porque, al fin y al cabo… Puestos a hablar de intenciones… ¿Cuál era la intención de quienes, aquel día, asesinaron a 1200 civiles en unas pocas horas? ¿Gritaban, como los hutus en Kigali, «Mátenlos a todos»? ¿Masacraban indiscriminadamente, como los jinetes de Darfur, a hombres, mujeres y niños?
¿Violaban antes de matar, como lo presencié en Bangladesh? ¿Se llevaban a sus víctimas como ganado antes de volver a violarlas, como hicieron los verdugos de las mujeres yazidíes? ¿Cuál era la intención de los atacantes palestinos, que sin duda habrían seguido así, sin freno ni fin, si no hubieran intervenido los valientes defensores de los kibutz?
Si ha habido un día en que, durante estos últimos tres años, en esta región del mundo, la intención genocida se ha manifestado a cara descubierta, ha sido precisamente el 7 de octubre de 2023, en el furor exterminador de Hamás.
Le Point, n.º 2828, 8 de octubre de 2026, p. 152.
Básicamente, los palestinos están haciendo con los Kurdos lo que tanto chillan que los israelíes les hacen a ellos.
Que chinguen a sus madres los palestinos. Y los nacos pendejos que los apoyan.
Guarden este tuit para referencias.