Es consciente de ello pues posee un aura maternal que atrae tanto a humanos como a no-humanos en busca de consuelo. Y es recíproca en su excéntrica manera de ser.
—Urraca.
Aún sin ofrecerle cercanía física, su mera aceptación era suficiente.
—Pero si te portas bien, >
—¡Ser insignificante! ¡A una mujer!
Si lo tuviera al alcance le hubiera propinado una suave corrección en el hocico, para su desgracia se veía una humana de estatura promedio.
—Es por una mujer que vives, ingrato. Esa elección no la toma nadie más que tu madre. ¡Así que >
`Mi nombre es Khazan, ser insignificante, y te referirás a mí con respeto antes de que te vuelvas mi almuerzo.`
-Hasta pequeñas llamas salían de su boca cerrada.-
`¿Madre?`
-Y el enorme dragón negro empezaría a reír con graves carcajadas.
`Al menos te has librado de que te convierta en una pila de cenizas por haberme hecho reír.`
—¡Oye!— su voz se endureció, al igual que su expresión mientras le presentaba su recto índice — ¡Respeta a tu madre! O te quedas un mes sin volar, te lo advierto.
—¡Oh! ¡Tienes unas fauces de escándalo! —exclamó en ofensa, llevándose la mano la mano el pecho—. ¿Cuándo ha sido la última vez que te las han lavado con jabón, diablillo?