No hablo mucho de tu partida, prefiero guardarla para mí. Pero cada vez que intento ponerlo en palabras, se me hace un nudo en la garganta. Aún me cuesta aceptar que ya no estás, que la vida sigue sin ti.
Últimamente le pido mucho a Dios que me dé la sabiduría y la inteligencia emocional para entender que no todo tiene que salir como espero. Que me ayude a aceptar lo que no puedo controlar, soltar lo que no depende de mí y confíar en que no todo lo que cambia de rumbo está mal