Los católicos no siempre decimos abiertamente que lo somos. En los tiempos que corren los invito a que lo hagamos con alegría y convicción. Ese testimonio en la calle, en el vecindario, en el lugar de trabajo y en la propia familia, hará ver que la fe es parte de la vida y no un agregado de ella. ¡Anímense, atrévanse! No hay nada que le dé mayor sentido a la vida que creer en Jesucristo y proclamarlo. ¡No estamos solos!