Hay personas con las que siempre quieres hablar. De nada en concreto, pero hablar. Quieres escucharlas y que te escuchen, simplemente. Y eso es precioso.
Igual no todo se soluciona con dos copas de vino, unas tostaditas con queso untado y un fin de semana en un pueblo perdido.
Pero desde luego anda cerca de la felicidad.