Vengo a ti, Señor
cargado de intenciones,
repleto de motivos,
sobrado de palabras,
lleno de méritos.
Cargo un enorme baúl
de logros y por si acasos.
He acumulado propuestas,
he hablado en tu nombre,
he presumido de tu amistad.
Te traigo alardes de virtud
y tablas de cumplimiento.
¿Por qué esta angostura?
Abre más la puerta,
que no logro entrar con todo.
Me desespero,
protesto, gesticulo,
me enfado,
te llamo, apremiante.
Abre, Señor, ¿a qué esperas?
Algún día comprenderé
que, para pasar,
he de soltar motivos,
palabras y méritos.
Puedo desprenderme
de resultados, prevenciones,
y quitarme las medallas.
Al fin, despojado de apariencias
y desnudo de garantías,
serán tu amor
y tu gracia
la única llave
necesaria.
«La puerta estrecha» @jmolaizola
En el #EvangelioDeHoy (Lc 13,22-30) Jesús pone en crisis “la seguridad de los creyentes”. Él nos dice que no es suficiente profesar la fe con los labios. Nuestra fe es auténtica cuando abraza toda nuestra vida, cuando es un criterio en las decisiones que tomamos, cuando nos hace mujeres y hombres que se comprometen con el bien y son capaces de arriesgarse por amor tal y como hizo Jesús.
LAS DECLARACIONES DE AMOR EMPIEZAN POR EL SILENCIO.
Si tuviera que hacer una declaración de amor, querría que tuviese tantos silencios como palabras. No bastaría un caudal de proclamas, ni adjetivos buscados con precisión para describir a quien amas. No sería suficiente con plasmar la belleza de los sentimientos en un discurso preciso. Ni siquiera la hondura de una promesa, por más sincera que fuera mi voz al decir: «Te quiero». En la pareja, en la amistad, en la compasión, en tantas formas como toma el amor en nuestras historias. Las declaraciones de amor empiezan por el silencio. Al menos por el silencio propio. Para hacer sitio. Para dejar paso. Para dar entrada en tu vida a los otros.
Así, callado, empiezas mirando. Y, en ocasiones, admirando. Contemplas la vida de los otros. El brillo alegre de sus ojos ante las satisfacciones cotidianas: leer un libro que te atrapa, pasear sin urgencia, una conversación risueña, describir a alguien que ilumina su vida, hablar con ilusión de un proyecto... Aprendes también a ver sus lágrimas, y si atiendes lo suficiente, no solo las que a veces bañan su rostro, sino las otras, las de dentro, las que en ocasiones se enmascaran tras una mueca, porque nos da miedo que la tristeza se confunda con fracaso. Pero sí, a veces una mirada extraviada, un gesto de nostalgia, o un cambio de entonación repentino traen el eco de esos llantos interiores. Aprendes también a escuchar el idioma de la risa. Hay quien dice que cada persona tiene una risa única. Pero no es verdad. Cada persona tiene varias risas distintas. Las hay más efímeras, puntuales, cumplidoras, que ocultan seriedades o indiferencia. Las hay también frívolas, triviales, o anecdóticas. Pero hay algunas risas sinceras, alegres, relajadas. Esas que brotan cuando de verdad estás en paz, y confías, y el afecto fluye. Cuando la gente se ríe así, compartiendo su dicha profunda, ya te enamoras un poco. El sigilo de quien contempla también ayuda a comprender algunas tormentas. Porque los otros también se enfadan. Hablan fuerte, gesticulan, critican, condenan, opinan, casi siempre en genérico, sobre los temas del día, la política, la economía, el deporte… Hay otros instantes en que el enfado es más herido, porque tiene que ver con relaciones cercanas, con la decepción, las expectativas incumplidas, el miedo… Y, sin embargo, no hay que dejarse engañar por el trueno de los atormentados. Pues debajo de la mayoría de enfados hay heridas. Y si uno aprende a escuchar, a menudo los mayores reproches envuelven gritos de auxilio. Quizás el más universal de todos esos gritos sea el anhelo de ser querido, aceptado, acogido.
Y así, en ese silencio activo, vas conociendo, comprendiendo, y descubriendo la belleza profunda y única de los otros. Vas dejándote cautivar por sus historias, y tal vez en algún momento deseas ser parte de ellas. Pero eso ni se impone ni se exige. Solo se ofrece. Eso es lo que al fin dices, cuando dices, “te quiero”.
Plantó cara a la prudencia
y a los chismes.
Siguió la voz interior
que le instaba: “Confía”
Enseñó, al Dios niño,
la mejor imagen de Dios.
Sin pronunciar palabra
labró el “hágase” con
su historia:
Carpintero y emigrante,
peregrino y maestro,
creyente y siervo.
El hombre discreto
sigue siendo, hoy,
testigo humilde
de la entrega callada,
del sacrificio radical,
de la fe capaz de arriesgarlo
todo.
Entre sus manos
encallecidas,
ponemos las nuestras
y tratamos de asomarnos,
en su vida,
a la sabiduría
de los justos.
«José» (@jmolaizola)
🔴 URGENTE | Carmen Porter y Pedro Baños ESTALLAN ante el silencio mediático sobre los miles de cristianos asesinados en Siria: "A los de Gaza los sacaban a todas horas y de los cristianos no vemos una puñetera imagen".
"El 60% de asesinados, más de 2.000, son cristianos".
Ojo por ojo,
diente por diente,
golpe por golpe,
insulto por insulto,
ofensa por ofensa,
ultraje por ultraje,
decepción por decepción
Así se va llenando
la memoria
y el equipaje
de agravios,
de rencor,
de deudas.
Mejor ofrecer,
contra el puño cerrado,
una mano abierta.
Ante el insulto,
silencio
o, aún más, palabra de perdón.
Mejor no subirse
al tren del odio.
Mejor bajarse
de la espiral
de la venganza.
Mejor caminar
por la senda
de la concordia.
Amar a amigos y enemigos,
a la manera de Dios.
«OJO POR OJO» @jmolaizola
Hoy es un día para orar y recordar a tantos inocentes: los que sufren, los que se han roto por el camino.
Los que incluimos en etiquetas como pobres, enfermos, presos, viudas, daños colaterales, refugiados, sin papeles, ancianos… Dios viene a buscarnos a todos. Ojalá abramos nuestra vida para que ellos, los más importantes, sean los protagonistas.
DENTRO
Dentro somos una suma de historias
incompletas
que aún vivimos, todas a la vez.
Hasta que converjan
en el amor, en la muerte, en la Vida.
Dentro conviven todas las edades
que un día tuvimos.
Dentro llevamos un yo risueño
y otro sombrío.
Pelean
casi a diario.
Algunos días uno de ellos descansa.
Dentro vagan palabras perdidas
que nunca encontraron el camino de salida.
Dentro intentamos encauzar emociones,
pero los diques no siempre resisten,
y la rabia, el anhelo, la pasión, la duda,
riegan y alimentan nuestro yo más verdadero.
Dentro tenemos ruido,
música, silencio,
una algarabía de emociones y viento,
presencia y ausencias.
Somos un milagro, dentro.
ASUNCIÓN
Te asumió en abrazo eterno
el que acogiste en tu seno.
Te llamó a la plenitud
aquel a quien diste todo.
Le respondiste «Hágase»
y dijo «En Ti, para siempre»
Lo que guardaba tu corazón
se convirtió en profecía
y, atravesando los siglos,
nos sigue hablando
del Dios de los rotos,
de los solos,
los desheredados,
que todo lo transforma
con su lógica distinta.
Al abrirte su cielo,
nos mostró el camino.
Sus promesas, en Ti cumplidas,
nos alientan a navegar
del pesebre a la cruz,
en busca del Amor que vence.
En Ti, venció.
La lectura te permite viajar en el tiempo, profundizar en los sentimientos y reflexionar sobre las claves de la vida. La lectura te abre los candados del conocimiento. Lee y disfruta cada día de tu lectura
No despreciar las cosas más pequeñas. En la semilla ya está el árbol. Todo comienza por algo pequeño como un grano de mostaza. El camino se inicia con el primer paso. El secreto consiste en hacer las cosas más sencillas con todo el amor del mundo.
#EvangelioDeHoy#FelizDomingo🌱
La Ascensión
Magdalena luchó por retenerte.
Los de Emaús alargaron la velada.
Tomás quiso tocar para creerlo.
Pedro ya no sabía de heroísmos.
Eran supervivientes de un naufragio.
Vagabundos buscando su destino.
Regresó la alegría a cuentagotas.
Comían de tu pan y tu palabra.
Pensaron que esta vez, resucitado,
al fin te mostrarías para todos.
Que no habría lugar para la duda.
Que serías un Dios más evidente.
Y de nuevo elegiste otro camino.
Te marchaste, dejando que el silencio
lo llenase una historia compartida.
Les pediste que fueran tus testigos.
Los enviaste cargados de ilusiones
a gritar que el amor había vencido.
Encontraron talentos que ignoraban,
disiparon tinieblas en tu nombre.
Devolvieron el color a la grisura.
Poblaron de esperanza el horizonte.
Descubrieron señales que mostraban
que tu ausencia es un modo de quedarte.
Te vas para volver, eso prometes.
Y nunca dejaremos de esperarte.