Me interesan mucho los vinos de Georgia, esos qwerty son lo más. Y qué canción tan bonita los dedico Ray Charles, cada vez que escucho 'Georgia on my mind' se me ponen los güebos de gallina de la emoción recordando mi viaje allí. Y menudas camisetas de algodón wenas venden...
En mi libro 'Los frutos secos de la gastronomía española" reflexiono sobre una nueva generación de jóvenes cocineros que llegó pegando fuerte y que no los echas ni con agua caliente.
Detesto al foodie, al winelovers, al panarras, al sensible, al intensito, al motivao, al ofendidito, la bonhomía, el buen rollito, las quedadas, al pelota, al viajao, al ocurrente, al graciñoso, al triste...
Qué asco dais, hijoputas. Nos dais la vida, os adoro.
El problema del fine dining (que Dios confunda) y de los conceptos gastronómicos es que al final caen en manos de retarders* y los achicharran.
* Para los que no sabéis inglés, los retarders son señores faltos de algún verano, vulgarmente llamados retrasaos.
Los oficios no hace falta dignificarlos, lo que pasa es que hay mucho hijoputa maleducado suelto: clientes, proveedores, jefes... Con unas buenas hostias con permiso, respeto y elegancia se resolvía el respective en un rato. Buenas tardes.
Que un restaurante resulte caro o barato es una cuestión subjetiva que depende, mayormente, de dos cosas: de tener pasta y, en caso afirmativo, de querer gastarla en el respective (o no).
Así que los tiesos taparsen, que dais cosita...
Cocineros motivaos que se rompen la camisa con el camelo del territorio y la cosa autóctona y que el único producto de proximidad que usan es el agua del grifo (y lo que compran en el Mercadona más cercano, claro).
El síndrome del connoisseur está muy extendido en gastronomía: gente que finge saber y termina creyendo que sabe. Suele cursar esta patología en paralelo al exhibicionismo y deriva en el preocupante síndrome de influencia (creerte influencer al ser jaleado por retrasaos como tú).
La gente, así en general, es fea, tirando a horrorosa, pero tiene la autoestima por las nubes. Instagram es un Pasaje del Terror cibernético y sería inconcebible que existiese en una sociedad racional.
Menos mal que no he hecho ni puto caso nunca a los de la gastronomía de la tuiter con sus devaneos y recos, porque menuda deriva, menudos influencers simple minds se nos están quedando.