Bien, la verdad es que no me puedo quejar. No quiero cantar victoria, pero… ¡creo que he encontrado el local perfecto para mi tienda de música! ¿Tú cómo estás?
@Kara_Jensen7 —Se encogió de hombros mientras le miraba con diversión—. No lo sé. Dicen que en Japón los políticos lo utilizan y, cuando ganan las elecciones, dibujan el segundo ojo. Nunca está de más, si te funciona… eso que te llevas, ¿no?
—No tuve tiempo de mandarte una lechuza, pero tengo algo perfecto para ti, @Kara_Jensen7.
Dejó un paquete junto a otro alargado más pequeño, que contenían un par de cosas típicas de su país que se encargaría de explicarle una vez abierto el regalo.
—¡Feliz Navidad, Kara!
¡Ya verá como es así! Confío plenamente en ello. Ya sabe que muchas veces la vida tiene esas cosas, intente no sentirse demasiado abrumada —trató de animarle con aquellas palabras acompañadas de una mueca—. ¿Yo? ¡Soy de Japón! Suelen decírmelo a menudo…
Espero que tenga razón, últimamente las rachas buenas duran demasiado poco en comparación con las malas.
—Esbozó una ligera sonrisa, contagiada por la contraria.—
Muchas gracias. ¿Puedo preguntarle de dónde es? Es curioso cómo me ha llamado.
me alegra que te hayan gustado tanto. ¿Repostería… galletil? —trató de pronunciarlo con algo de dificultad ladeando la cabeza; nunca lo había escuchado llamar de aquella manera—.
Ah, disculpa. Te iba a llamar Max-chan, pero sentí que iba a sonar raro y no encontré un mote todavía —admitió la nipona algo avergonzada sin dejar de sonreír—. Claro que puedes hacerlo, las de Navidad nos quedaron muy bien. Agradezco tus halagos a mi repostería, de veras ➤
-suelta un pequeña carcajada por como le había llamado y niega con la cabeza- vaya, me haces sentir mayor si me llamas señorita Max -se encoge nuevamente de hombros para dedicarle una sonrisa y responder- bueno, al menos tengo claro que puedo contar contigo si algún día quiero +
—Asintió con la cabeza un par de veces. Le resultó divertido ver cómo miraba lo que le había escrito con aquella expresión en la cara—. Gracias, Sydney-san. Exacto, ¡lo ha pronunciado muy bien!
—Abrió los ojos con sorpresa, volviendo la vista una vez más hacia aquellos símbolos escritos en su brazo.—
¡Anda! Es una escritura muy bonita. ¿Konnichiwa? ¿Así?
—Se llevó el índice a sus labios, asimilando lo que decía—. Puede ser eso, señorita Max. No a todo el mundo le gusta hacerlas, lo he podido comprobar desde que me aficioné a ello. Suena algo triste, pero no podemos depender de los demás para hacer ➤
-se encoge de hombros y suelta un suspiro- en verdad, me da igual, simplemente pienso que ya las haré yo y si no, pues tampoco pasa nada, aunque está bien pero no es algo que me preocupe -despues le regala un pequeña sonrisa- pero a pesar de que les propongo la idea, me dejan +
lo que nos gusta. Claro que… eso no quita que quieras hacer actividades con ellos —divagó en voz alta, negando después con la cabeza—. Lo que quiero decir es que siempre habrá personas que te acompañen en ellas y otras que no querrán. Eso sí, si se trata ➤
a la contraria—. Confía en lo que haces, pequeña Max. Seguro que habrá personas que, al igual que yo, disfrutan de tu compañía y de tu ayuda. Estoy convencida de que se te dan bien muchas cosas.
—Miró con preocupación a la menor, agachándose levemente para intentar que le mirase a los ojos—. No sé qué piensan los demás, pero… yo no pienso de esa manera —esbozó una sonrisa cálida sin dejar de mirar ➤