Te levantas 5 am, tomas dos camiones para llegar a tu jale, te urge que llegue la quincena porque la entrada a clases te dejó en los puros rines, te toca hacer horas extras, terminas 7 pm de chambear, presencias un asalto en la combi de regreso, llegas a tu casa 9 pm, tus hijos ya a punto de dormir y cenas lo que te preparó tu esposa que se llevó una chinga igual durante el día.
Antes de dormir, ambos ambos se ponen a ver tiktoks y a echar chisme de la casa de los famosos para entretenerse, reírse y sortear tantito de los problemas del día a día.
Entras a Twitter y un político de oposición que habla con lenguaje inclusivo, que gana 200 mil mensuales y vive con la realidad del país bien alterada, te regaña porque no estás viendo la aprobación de la reforma al poder judicial ni sales a las calles para defender a los ministros de la corte que ganan el triple que él.
Tú te ríes de él (como debe ser), lo ignoras (como debe ser), lo tachas de pendejo (como debe ser), vuelves a tiktok, te ríes otro rato, te encomiendas a Dios y te duermes.