Y como dijo Mario Benedetti:
"Y sé feliz,
pero no por alguien,
tampoco por algo.
Quizás con alguien,
pero mejor sé feliz,
porque, al fin y al cabo,
es lo que te mereces"
Cuando decides hacerte católico de grande y luego de un largo proceso de conversión, lo haces por inmenso amor a Dios, a Cristo, a su Madre María y a la Santa Iglesia.
No vas por allí de rositas y de tolerancias. Es un amor pensado, maduro, agradecido y sin tiempo para estupideces. Bastante tiempo perdiste ya creyendo las asquerosidades de la revolución luciferina.