Cristo, vengo a confesarte que estoy cansado. He sostenido demasiado durante tanto tiempo. He sonreído cuando quería llorar, he dicho que todo estaba bien cuando por dentro apenas podía mantenerme en pie. Señor, toma el peso que ya no sé cargar. Sostén las partes de mí que se están quebrando en silencio. Recuérdame que descansar no es rendirme y que llorar delante de ti no me hace débil. Cuando mis fuerzas se terminen, préstame las tuyas. Cuando mi mente me diga que no podré continuar, háblale a mi alma y recuérdale todo lo que ya hemos atravesado juntos.
No permitas que el cansancio me haga abandonar aquello que tú todavía estás edificando. Hoy no te pido entenderlo todo. Solamente te pido sentir tu mano sobre mi hombro y escuchar tu voz diciéndome:
“Hijo, no tienes que poder con todo. Yo estoy contigo”.
En tu santo y bendito nombre, Cristo.
Amén.
#danielhabif
No subestimes el poder de un abrazo, de hablarte con cariño o apreciar el privilegio de poder hacer las cosas con calma. Dar atención a la relación que tienes contigo no solo es fundamental, es la base para el resto de las relaciones que tienes en tu vida.