Joder. Tendré 90 años y me seguirá motivando este tío. Que presencia joder, no le tosía ni el tato. Y sin Tablet ni Begoña the stats ni hostias. “Le diciendo algo al rubio”. Claro que se lo decimos joder
🔵⚪️« Pablito, je te suis très heureux pour toi, Pablito. Le meilleur » (À Aimar)
« Félicitations. Une équipe d'auteurs dans leur 1ère expérience. Félicitations sincères » (À Scaloni)
#Bielsa en 2023. Ce jour-là, l'Uruguay a battu l'Argentine 2-0
Carta abierta a Marcelo Bielsa
Querido Marcelo:
Te escribo después de escuchar tu última conferencia como entrenador de Uruguay. No fue una despedida más. Fue una de esas intervenciones que obligan a apagar el ruido para escuchar lo que hay detrás de las palabras. Porque, más allá del fútbol, hablaste de algo mucho más profundo: de la responsabilidad, del fracaso, de la soledad y del precio que tiene sostener una convicción.
Tu liderazgo siempre fue total. Exigente hasta el límite, obsesivo con los detalles, inflexible con los principios. Nunca pediste menos de lo que creías posible. Les pediste a tus jugadores el cuerpo, la cabeza, el corazón. Y ellos respondieron. Corrieron, se comprometieron, intentaron.
Pero vos mismo reconociste que sostener esa idea les costó demasiado. Que mientras algunos equipos juegan con naturalidad, el tuyo necesitaba un esfuerzo permanente para parecerse a lo que imaginabas. Ahí aparece una verdad incómoda: no alcanza con que un líder convenza; el desafío es que su visión deje de depender de él y termine habitando a los demás.
Porque un liderazgo puede despertar compromiso y, al mismo tiempo, generar un peso difícil de sostener. Puede movilizar y también agotar. Puede inspirar, pero si toda la energía nace de quien conduce, el riesgo es que el proyecto nunca termine de ser verdaderamente colectivo.
Y entonces llegó esa frase que todavía resuena: “Soy el responsable de esta decepción.” Después vino otra, todavía más dura: “Lo que yo le dejo al fútbol uruguayo es nada.”
No sé si esa afirmación es verdadera. Creo, más bien, que es la forma que encontraste para hacerte cargo sin buscar refugio en las excusas. Pero también revela algo que excede al fútbol: la inmensa soledad que muchas veces acompaña a quien lidera.
Vivimos en una época que reclama procesos, pero solo aplaude resultados. Que habla de construir, aunque tenga cada vez menos paciencia para esperar y escuchar. Que celebra el esfuerzo únicamente cuando termina levantando una copa. Si no hay triunfo, pareciera que nada existió.
Por eso también resulta tan incómodo escucharte. Porque te negaste a fabricar un relato que maquillara la derrota. Pudiste hablar de crecimiento, de identidad, de bases para el futuro. Elegiste no hacerlo. Preferiste una verdad que duele antes que una mentira que tranquiliza.
Y, sin embargo, ahí también aparece una paradoja. Los seres humanos no vivimos solo de resultados. También vivimos de los relatos que nos ayudan a darle sentido a lo que atravesamos. No para negar la realidad, sino para poder seguir caminando después de una caída. A veces la verdad necesita de la esperanza para no convertirse únicamente en peso.
Creo que es por eso que tu figura genera tanta admiración como resistencia. Porque nos enfrenta con nuestras propias contradicciones. Queremos líderes auténticos, pero que no incomoden. Queremos exigencia, pero sin desgaste. Queremos excelencia, pero sin atravesar el costo emocional que implica alcanzarla. Queremos procesos largos… siempre y cuando den resultados rápidos.
Tu paso por Uruguay no habla solamente de vos. También habla de nosotros.
La pregunta no es si Bielsa fracasó o no. La pregunta es qué hacemos como sociedad con quienes se animan a sostener una idea cuando el éxito no llega. Si solo sabemos medir el valor de una persona por el resultado final, entonces no estamos perdiendo solamente entrenadores. Estamos perdiendo la capacidad de reconocer el coraje, la coherencia y la dignidad cuando no vienen envueltos en una medalla.
El verdadero legado de tu líderazgo comenzará mucho después, cuando alguien, en silencio, decida hacer las cosas con más honestidad, con más responsabilidad o con más compromiso porque un día se cruzó con tu ejemplo.
Y si eso ocurre, entonces hay derrotas que no son el final de nada. Son apenas una semilla que todavía no aprendimos a reconocer.
Con respeto y admiración,
Muchas gracias.
NO LA PASARON BIEN...
Lugano y Torreira apuntaron contra Bielsa.
Uno dijo que "nunca entendió donde estaba" y el otro que "no la pasaron bien"...
Y yo a ellos les pregunto:
Y donde estaba?
En "el paisito"?
En la selección mejor autopercibida del mundo?
En el país donde el Complejo Celeste fue, y para algunos debería seguir siendo, el "Club de Amigos del Complejo"?
En la selección que necesita un técnico amigo? Uno que no los haga entrenar demasiado, que los trate como los ídolos que algunos creen ser. Ir a pasarla bien, jugar al truco, a la Play, visitar amigos, comer asados y hacerse el peinado a medida en el "club de campo" del Complejo Celeste.
Me gustaría saber cuántos de los que sostienen ese discurso hacen lo mismo en sus clubes. Si cuestionan tanto a sus entrenadores. Si piden entrenar menos...
Si no les gusta, que no vengan.
Pero si vienen, que vengan a romperse el alma y a hacer lo que pide el técnico. No de vacaciones.
Jugar por Uruguay ya es un premio en sí mismo. Que dejen de buscar un padre y se dediquen a jugar al fútbol.
Se comieron eso de que "el camino es la recompensa" y terminaron creyendo que con solo presentarse ya cumplen.
La historia de los grandes éxitos de Uruguay, no solo en el fútbol, siempre estuvo ligada al sacrificio, la entrega, la resiliencia, la unión y la convicción de que se podía, aun cuando todo parecía estar en contra.
Con el paso de los días, algunos jugadores ya empezaron a dejar entrever que las cosas no fueron exactamente como las contó la prensa. Varios incluso hablaron con respeto y agradecimiento hacia Bielsa.
A lo mejor alguno no se olvidó como lo hizo la prensa y tanta gente de cuando Bielsa se enfrentó a medio stablishment FIFA y prensa por defender a los jugadores en la Copa America 2024.
La realidad es que los principales piedrazos vinieron, y siguen viniendo, desde afuera. Y cuando aparecen críticas desde adentro, hablan de formas, de saludos, del trato o de la intensidad de los entrenamientos. Pero casi nadie cuestiona la idea futbolística o lo que Bielsa pretendía construir dentro de la cancha.
Este grupo tenía condiciones para jugar mucho mejor. Pero para jugar como pretendía Bielsa había que pagar un precio: correr más, entrenar más, exigirse más. Y parecería que algunos no estuvieron dispuestos a hacerlo. En cambio, se dejaron llevar por quienes no querían (o no les convenía) al técnico argentino.
Bielsa cometió errores, sin duda.
Pero si buscan las causas de este fracaso, no las busquen únicamente en su forma de ser. Búsquenlas también en los dirigentes, en los intereses enfrentados a la AUF, en parte de la prensa, en el entorno de varios futbolistas (incluidos algunos referentes) y, sobre todo, en los que entraron a la cancha y jugaron.
Ojalá algún día sepamos todo lo que realmente pasó puertas adentro.
@AUFOficial
Lo de los uruguayos bancando a Bielsa no me la vi venir.
Y lo bien que hacen, el principal problema de Uruguay no es Bielsa. Una lástima como termina esta historia.
Habló, dio la cara, se hizo cargo de todo, protegió al plantel que ya no dirige y nunca buscó excusas ni culpables. Un gesto que habla de la clase de persona que es.
Mis respetos, Marcelo. Un señor del fútbol.
Un Señor. Íntegro. Recto. Asume la responsabilidad total del fracaso. Respalda a los jugadores. Los elogia. Preserva la salud de un grupo al que ya no pertenece. Mis respetos Marcelo.
Hace años que, cada vez que se sienta frente a un micrófono, Marcelo Bielsa repite el mismo gesto: la cabeza inclinada y los ojos buscando el suelo.
Se dijo de todo sobre esa mirada. Que es timidez. Que es inseguridad. Que es el peso de la exigencia. Puede ser. O puede que no.
Yo creo que bajar la vista es una manera que tiene de apartarse.
En el fútbol de estos tiempos, al entrenador le preguntan por una idea y le piden una polémica. Le hablan del juego y le reclaman una frase de impacto. El análisis suele quedar arrinconado por el espectáculo.
Y uno imagina que eso, en un hombre como Bielsa, debe producir una tristeza silenciosa.
“El Loco” cree en las ideas, en el trabajo y en la honestidad intelectual. Por eso, cuando la conversación se vuelve superficial, parece retirarse un poco. No se va del todo. Sigue ahí. Pero baja la mirada.
Como quien deja de mirar una obra que ya no reconoce.
Hay algo de desprecio en ese gesto, es cierto. Pero antes que desprecio parece haber decepción. La decepción de un hombre que siente que el juego que ama está rodeado de demasiado ruido y de demasiado poco pensamiento.
Entonces hace lo que hacen muchas personas cuando se desencantan: se protege. No se ofrece al espectáculo. Mira hacia abajo.
Y en ese gesto hay una declaración de principios. No es la pose de un hombre derrotado ni la actitud de alguien soberbio. Es la expresión de un entrenador que todavía cree que el fútbol merece ser pensado y que, cada vez que descubre que alrededor se piensa un poco menos, baja la vista como un acto de resistencia.
Creo que cada vez que Bielsa baja la mirada, el que queda en evidencia no es él. Somos nosotros.
La experiencia de Marcelo Bielsa en Uruguay deja una enseñanza que va mucho más allá de los resultados. Desde su llegada intentó cambiar la identidad de un equipo históricamente asociado a un fútbol de fricción y duelos físicos, para convertirlo en uno protagonista, ofensivo y capaz de jugar con la pelota al piso.
Pero el proceso encontró resistencias. Los jugadores cuestionaron sus métodos y el nivel de exigencia, mientras que Bielsa tomó decisiones fuertes al apartar a referentes que consideraba incompatibles con su idea de juego. El propio entrenador reconoció que no había logrado cambiarles la mentalidad y asumió su responsabilidad.
Sin embargo, las transformaciones nunca dependen de una sola persona. Un entrenador puede proponer un camino, pero necesita jugadores dispuestos a recorrerlo. Y el fútbol que pregona Bielsa exige algo fundamental: futbolistas inteligentes. No alcanza con correr y meter. Hace falta entender espacios, interpretar movimientos, tomar decisiones rápidas y animarse a abandonar hábitos profundamente arraigados.
También es cierto que la personalidad de Bielsa nunca terminó de generar la confianza y la cercanía necesarias para sostener un cambio tan profundo. Ese, probablemente, sea su gran defecto: muchas veces sus ideas convencen más que sus formas, y construir una revolución cultural también exige crear vínculos y lograr que los futbolistas se sientan parte del proceso.
El gran desafío en Uruguay no fue táctico ni físico, sino cultural. Bielsa intentó modificar una manera de entender el fútbol y se encontró con un grupo que, en gran medida, no estuvo dispuesto a sostener ese cambio.
Las revoluciones futbolísticas necesitan de un entrenador convencido, pero también de jugadores inteligentes, abiertos al aprendizaje y comprometidos con una nueva idea. Sin esa combinación, cualquier transformación queda a mitad de camino.
Hoy cumple 78 años el gran Marcello Lippi. El DT que sacó campeón Mundial a Italia en 2006.
Su reacción ante cada penal en la final vs Francia es oro puro 🥶
Este momento del documental de Rafa Nadal en Netflix es impresionante.
Rafa: “Lo que siempre me ha motivado son las ganas de seguir luchando, porque la satisfacción viene de la dificultad”.
La dificultad:
Klopp: "Sei que sou muito bom, mas o Pep é o melhor."
Guardiola: "O Jürgen foi muito importante na minha vida. Levou-me a outro patamar como treinador."
Respeitavam-se e tornavam-se melhores juntos.
Chegou ao fim a era dos dois em Inglaterra. 🤍 https://t.co/9blIHwfIdx
Novak Djokovic, el mejor tenista de todos los tiempos, celebra su victoria en semifinales del Abierto de Australia (Torneo donde fue vetado por no vacunarse) ante el número dos del ranking ATP y 14 años más joven que él con las palabras "Gloria a Dios" ⤵️
No es fútbol, pero es historia del deporte mundial. Con 38 años, más de 4 horas de partido, Novak Djokovic le gana a Sinner (al que le lleva 14 años) y clasifica a la final de Australia. Ni él se la cree.
Podría estar disfrutando del retiro con sus millones, pero él quiere seguir triunfando. Siempre del lado de estos deportistas que no se conforman, que siempre quieren más, hasta el final. CRACK TOTAL.
A minutos de saltar a pista antes del partido más importante que va a jugar en mucho tiempo, Novak Djokovic se va directo a felicitar a Alcaraz y a todo su equipo tras su victoria.
Cuando se hable de legado, más allá de números, esto es Nole.