Mi consejo de hoy (y de ayer y de mañana) es que no se acostumbren a vivir con el corazón roto. Pónganle kolaloka, resánenlo con cemento, cósanlo con hilo de colores o hasta engrápenlo si quieren. Pero la vida no es para vivirse con el corazón en trozos: Hay que enmendarlo.