Capítulo aparte para los nenazos que preveían goleada clásica, peor Nacional de la historia, etc etc.
No pasó.
Tienen buen plantel y ahora un DT bicho.
Y nosotros un presidente piedra y un DT gagá.
Se marearon por una final vs Wanders.
Algo en que tenía razón el militante del FA, es que los discursos de Lacalle Pou no son más que una empresa de marketing mostrando su laburo.
Miradas al horizonte, discursos encanta viejas, frases profundas, pan y circo.
La realidad es que en su gobierno habían prometido recortes de 900 millones de usd y bajar el déficit fiscal a 2.5%. Terminaron con un aumento en casi 10 puntos en deuda pública y un déficit de 4.3%.
A su vez, abrieron nuevas oficinas para currar y le dieron espacio a la agendita internacional (políticas de género, cambio climático etc etc). Tuvieron varios casos de vinculación al narcotrafico y clientelismo barato.
Política de la vieja y social democracia de la nueva, eso ofrece para las elecciones.
Uruguay precisa innovar, no solo con respecto al mundo, sino con respecto a su propia historia.
Hay que recordar que es un error juzgar por intención y no por resultados. La empatía no está en la intención, está en el resultado. Y un estado más chico es más plata en el bolsillo para la gente ya sea para ahorrar, gastar o invertir. Eso determina una economía más abierta donde es mas rentable emprender e invertir para pequeñas y grandes empresas, generando más laburo para todos.
Y como dijo Reagan, que si sabía de qué hablaba cuando hablaba de libertad: “No hay mejor plan social que un trabajo”, económica y psicológicamente.
EL IMPUESTO DE LA DICTADURA QUE LA DEMOCRACIA APRENDIÓ A AMAR.
El IMESI nació en 1975, dentro de una reforma que concentró y facilitó la recaudación estatal. Medio siglo después, todos los gobiernos democráticos lo conservaron y el actual vuelve a subirlo para financiar más gasto.
La mitad del aumento previsto en la Rendición de Cuentas se financiaría con el nuevo IMESI a los vehículos eléctricos. El gobierno ni siquiera intenta presentarlo como un impuesto ambiental o vial. Lo presenta como una fuente de caja.
Parte irá a la primera infancia. Ahí aparece el chantaje fiscal más antiguo: primero se decide gastar, después se lo asocia con una finalidad indiscutible y finalmente cuestionar el impuesto parece equivalente a cuestionar la ayuda a los niños.
Pero una buena finalidad no convierte en bueno cualquier instrumento fiscal.
La mayoría sabe que el IMESI encarece combustibles, autos y cigarrillos. Pocos saben cómo funciona o conocen su origen.
Fue creado durante la última dictadura, como parte de la reforma tributaria de 1975. Aquella reforma reorganizó la recaudación alrededor de impuestos indirectos, concentrados en pocos actores y fáciles de controlar.
El dato histórico no es decorativo. El IMESI responde a una lógica autoritaria de recaudación: el Estado identifica un punto temprano de la actividad económica, coloca allí la barrera y cobra antes de que el mercado termine de funcionar.
En el mundo existen impuestos específicos sobre alcohol, tabaco, combustibles o determinados bienes. Lo peculiar del IMESI uruguayo es su amplitud y arbitrariedad. Bajo el mismo nombre se gravaron alcohol, tabaco, perfumes, cosméticos, agua mineral, vehículos, lubricantes, combustibles y energía.
¿Qué tienen en común? Muy poco. El criterio real es que son rubros donde el Estado encontró una forma cómoda de cobrar.
El IMESI se aplica cuando el fabricante o el importador introduce ciertos productos al mercado. En lenguaje normal, el Estado cobra antes de que el bien llegue al consumidor y muchas veces antes de que el empresario sepa si conseguirá venderlo.
Es una aduana interior.
Cuando se discuten impuestos, casi siempre se habla de cuánto recauda el Estado. Pero también importa qué grava, cuándo lo cobra y qué barreras crea.
Un impuesto de diez cobrado después de vender puede dañar menos que uno de cinco exigido antes. El primero reduce una ganancia que ya existió. El segundo puede impedir que esa ganancia llegue a existir.
Cobrar al importar o introducir un producto al mercado aumenta el capital necesario para competir. Castiga el stock, la rotación lenta y el riesgo. El actor grande puede soportarlo. El pequeño puede no llegar a entrar.
Por eso el IMESI no solo encarece. También concentra mercados, protege a quienes ya están instalados y dificulta la aparición de competidores.
El nuevo impuesto a los eléctricos repite esa lógica. No mide uso, kilometraje, congestión, contaminación ni deterioro vial. Mide el valor del vehículo cuando entra al país, porque ese es el momento en que al Estado le resulta más fácil cobrar.
Una persona puede comprar un eléctrico de mayor valor y recorrer 5.000 kilómetros anuales. Pagará el nuevo impuesto. Otra puede comprar uno más barato y utilizarlo 60.000 kilómetros por año. Puede seguir exonerada.
No se grava el costo generado por el vehículo. Se grava una capacidad de compra visible en la Aduana.
Durante años el propio Estado incentivó los eléctricos. Promovió la tecnología hasta que el mercado creció lo suficiente como para convertirse en una nueva fuente de impuestos.
Gabriel Oddone había defendido que los impuestos fueran lo menos distorsivos posible. Ahora su gobierno financia gasto nuevo con un impuesto cobrado al inicio de la comercialización del mismo producto que el Estado venía promoviendo.
Si el programa exige crear impuestos distorsivos para sostener más gasto, el problema también está en el programa.
Sería cómodo atribuir todo esto al gobierno actual.
El gobierno anterior tampoco desmontó el IMESI.
Lacalle Pou tuvo delante el absurdo perfecto durante la crisis hídrica. Uruguay cobraba un impuesto específico sobre el agua embotellada cuando una parte de la población necesitaba comprarla porque la que salía de la canilla era prácticamente imbebible.
Su gobierno suspendió temporalmente el IVA y el IMESI. Terminada la emergencia, dejó que el impuesto regresara. No eliminó un tributo absurdo sobre un bien elemental. Administró la excepción y restauró la normalidad.
El Frente Amplio lo aumenta. El Partido Nacional lo conserva. Cambian los administradores, pero sobrevive la arquitectura.
Uruguay no es caro solamente por cuánto recauda el Estado. Su presión fiscal está bastante por debajo del promedio de la OCDE. Es caro porque demasiadas veces el Estado cobra antes de que se produzca, regula antes de que se compita y exige permisos antes de que aparezcan nuevos actores.
La propiedad puede seguir siendo privada, pero el camino hacia el mercado queda estatizado.
El IMESI sobrevivió a la dictadura porque es el impuesto perfecto para la política uruguaya: opaco para el consumidor, cómodo para el Estado y costoso para quien intenta competir.
La izquierda lo aumenta en nombre del gasto social. La derecha lo conserva en nombre de la prudencia.
El verdadero programa uruguayo lleva medio siglo intacto: cobrar antes de que se produzca, regular antes de que se compita y proteger al Estado antes que al ciudadano.
“Nosotros estamos viviendo fuera de nuestras posibilidades completamente, y no hay conciencia de eso”, sostuvo Ignacio de Posadas, abogado y exministro de Economía y Finanzas
Por @OCestau
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El batllismo le hizo mucho daño al país.
Aún no entendemos que los recursos son finitos y que los derechos alguien tiene que pagarlos.
Mientras tanto, se cuestiona la renta privada y se olvida que el Estado obeso actual nació con JByO y sus posteriores intentos de réplica.
🔴Blancos y colorados se trenzaron por una moneda en homenaje a a #BatlleyOrdoñez
⏯️ “Ese sueño húmedo batllista”
⏯️ “Es una falta de respeto”
⏯️ “Los pedestales morales”
⏯️ “No es comparable con el sueño húmedo”
La moneda vale $2.000
Vía @TelenocheUy
Desde que Suárez destruyó adrede el vestuario de una selección que estaba en su mejor momento desde 2011 hasta la fecha que no damos pie con bola.
¿Bielsa? Terco y con errores, pero llevó lo que tenía que llevar y paró (+-) lo que tenía que parar.
Hoy lo pierden los jugadores.
@suarezistaCNDF Mierda nos hizo quien le da nombre a tu usuario, destruyendo adrede el vestuario de una selección que estaba en su mejor momento desde 2011 a la fecha. Terco sí, mala leche no. Llevó lo que tenía que llevar y paró (+-) lo que tenía que parar, hoy lo pierden los jugadores.