Abelardo acaba de decirlo todo: quiere bases americanas y dolarizar al país. Se declara republicano y que no es independiente, sino que un proyecto de Trump.
Este fantoche es una amenaza para la soberanía colombiana.
Paloma Valencia empieza a hablarle a los votantes de centro, huérfanos de candidato. Por eso Juan Daniel Oviedo.
Abelardo de la Espriella le habla a los votantes de Paloma Valencia. Por eso José Manuel Restrepo.
Iván Cepeda dobla la apuesta en la izquierda y le habla a su base. Por eso Aida Quilcué.
Chef Leo Espinosa NO se quemó, se llevó a una caramelización profunda con notas dominantes de carbón, sellada a alta temperatura y servida con una reducción de votos
@UltimaHoraCR@TheJusticeDept Hawking demostró que los agujeros negros no son objetos completamente oscuros y eternos, sino que emiten radiación y tienen temperatura. Teoría y práctica. GENIO!
Hablan los “Emetherians”, la tribu urbana que prolifera en Antioquia: “Mis padres quieren que me disfrace del doctor Uribe, pero yo prefiero al compadre Emeterio”.
Denunciamos cosificación de la mujer en 2 grado con consumo de hidrocarburos y contenedores con CO2. Alguien tiene que hacer algo.
Fundación Robertico, ayúdanos!
“Me voy más preocupado de lo que llegué.”
La frase con la que @DCoronell cerró su entrevista de dos horas con @petrogustavo resume la impresión que me dejó: la de un presidente que parece encontrar calma en el sonido de su propia voz, que se siente seguro divagando, como si en hablar de todo encontrara refugio ante la realidad que no logra ordenar.
Vi a un presidente que no quiere navegar las aguas turbulentas de una crisis con Estados Unidos, sino encabezar una cruzada moral contra el presidente Trump, movido por una obsesión: trascender, “ser inolvidable”, como él mismo lo ha dicho. Y si para lograrlo hay que poner en riesgo la estabilidad de Colombia, parece un precio que está dispuesto a pagar.
La elocuencia que se enciende para desafiar al mundo se apaga cuando el tema es Nicolás Maduro. El rasero moral cambia. Donde antes había condena, aparece la comprensión. Y hay, además, una suerte de cobardía: la de no ser capaz de decir lo que en el fondo piensa sobre ese régimen.
También vi a un presidente que, contra toda evidencia, está dispuesto a dejar quebrar a Ecopetrol por terquedad ideológica; a vender el activo más valioso de la empresa por pura obstinación. Que no escucha advertencias, ni dato: solo su propia voz.
Y mientras tanto, habló de todo: de Trump, Bolívar, las inversiones de Ecopetrol en el Permian, Andrea Bocelli, Greta Thunberg, Karol G, Pegasus, la Junta de Dubái del narcotráfico, la belleza “desde el punto de las culturas”, la relación entre las bombas y los genitales, la ONU, la medición de cultivos ilícitos, el TLC con Estados Unidos, Einstein, Hannah Arendt, la misoginia y el capitalismo global. Hasta le quedó tiempo para criticar a la dirigente opositora venezolana y premio Nobel de paz, María Corina Machado. No le tembló la voz para llamar “despreciable” a una mujer que se ha enfrentado con valentía a una dictadura que ha destruido a su país.
Por eso entiendo a Coronell. Porque vi a un presidente sin centro. Un hombre que parece cómodo en el caos, cuando el país no puede darse ese lujo.
Y sí, me fui más preocupado de lo que llegué porque entre tanto discurso y tanta palabra, lo que falta, cada vez más, es gobierno.