Normalicemos no sentir pena ni empatía por aquellas personas que NO pensaron en nosotros mientras hacían cosas que sabían que nos iban a doler hasta el alma.
No hacía falta obligar a nadie… pero la elegí yo. Por más que lo hizo sin pensar en mí, confiando en que no me iba a enterar, y terminé con el amor en las manos… y aún así te elegí.