Antes de las luces, los goles y los trofeos, estuvo Jorge.
Un tipo de perfil bajo, obrero en una metalúrgica, sin casa propia y con cuatro hijos que mantener. Trabajaba jornadas interminables para llevar el pan a la mesa.
Un día, su hijo, con problemas de crecimiento, recibió una oportunidad en Barcelona.
Y Jorge tuvo que tomar la decisión de apostar todo y dejarlo todo para acompañarlo. El resto es historia.
Que en paz descanse, Jorge.
Domingo, lluvia, 19hs, mañana hay que trabajar, el viernes tu equipo quedó afuera por penales con Riestra y acabas de perder una final del Mundo.
Nunca pensé que podría existir tanta tristeza junta. Es el fin.
En este país naces y lo primero que te cuentan es que San Martin cruzó los Andes y que el Diego hizo esos dos goles. Realmente no hay nada más grande. Está toda nuestra historia puesta ahí. Es el partido del milenio. Maten o maten.