Mbappé y Haaland. El primero un tipo que habla abiertamente de política, que tuvo una novia trans y le importó poco el código de machos del fútbol. El segundo vive hablando de la mamá, de su novia de toda la vida, con un lado sensible muy manifiesto que busca romper constantemente la tradición. Hay una nueva configuración de ídolos, de tipos de ídolos y me fascina.
Ahora más que nunca toca ser más visibles, más incómodas, más ruidosas, más maricas, más diversas, más trans. Porque cada derecho que tenemos existe porque alguien antes se negó a desaparecer. 🫰🏻
Por México ni se preocupen, aquí no gobierna la izquierda. Destruir la salud pública, la educación, el transporte público, matar periodistas y activistas, la falta de pagos en el sector público, tener a trabajadores como beneficiarios de programas sociales... De izquierda no es.
Con ganas de gritarle a los gobiernos de México y Brasil que tienen que mejorar y no coquetearle nunca a la derecha con propuestas traidoras como el fracking o con actos insensibles como ignorar a madres buscadoras. ¡Tienen que mejorar porque son la esperanza restante de Latam!
La diferencia entre Africa y Latinoamérica era pura suerte, pero ahora toda Latinoamérica vota para ser nuevamente una colonia y someterse a occidente. Cuánto daño ha hecho el individualismo y la estructura de la sociedad que gira alrededor del dinero. Estoy profundamente triste
Debemos resistir a la mercantilización de las necesidades humanas esenciales. El agua, los alimentos y la asistencia sanitaria no pueden estar subordinados a consideraciones de mercado o a intereses geopolíticos. El acceso a una alimentación adecuada es un derecho humano fundamental arraigado en la dignidad de cada persona. Responder a esta necesidad no solo sirve para aliviar el sufrimiento, sino también para afrontar las causas que subyacen a la inestabilidad geopolítica. De hecho, la seguridad alimentaria es un componente esencial de la seguridad global e integral. https://t.co/xj8YIAaaKi
Que la extrema derecha esté ganando terreno en Latinoamérica es el mejor ejemplo de lo peligrosa que puede ser la desinformación. Millones de personas votan a quienes prometen salvar sus países mientras impulsan políticas que los harán más injustos, más desiguales y menos libres.