🚨Policías de Nezahualcóyotl rescataron a dos niñas de 7 y 11 años, inconscientes por una posible intoxicación con gas. Las cargaron en brazos y trasladaron de urgencia al Hospital Gustavo Baz Prada. 🚔
#Neza#Edomex#Rescate#PolicíaMunicipal
#ÚLTIMAHORA | Sergey Boytsov llevó el salto extremo a otro nivel: se lanzó desde 11.5 kilómetros de altura sobre las montañas de Altái y alcanzó 503 km/h.
Permaneció 2.5 minutos en caída libre antes de abrir el paracaídas a 1.5 kilómetros del suelo y aterrizar sin problemas.
#SergeyBoytsov #Rusia #DeportesExtremos
Escribí este tuit hace dos horas. Y me ha llegado información desde entonces: La Nueva Familia Michoacana obliga a las autoridades del Parque Nacional Grutas de Cacahuamilpa a entregar a turistas para ser secuestrados y extorsionados. Son muchos casos que no se explican sin las complicidad de autoridades locales.
Quienes se niegan son amenazados. Peor: torturados y asesinados.
Esto debe saberse como se sabe hoy que el Parque Nacional Cumbres del Ajusco es un peligro para sus visitantes.
🚨 “Ahora la bebes o la derramas”: Jarochos responden a dueño de restaurante argentino tras llamar “mediocres” a los veracruzanos ❌🇦🇷
El dueño del restaurante argentino El Che Parrilla, ubicado en la calle Júpiter del fraccionamiento Jardines de Mocambo, se encuentra en medio de una fuerte polémica luego de publicar en sus redes sociales el siguiente mensaje:
➡️“Qué feo ver a los veracruzanos disfrutar de un triunfo que no es de México, qué mediocres jajaja.”
La publicación generó una inmediata reacción entre usuarios veracruzanos, quienes calificaron el comentario como ofensivo. En respuesta, las redes sociales del restaurante comenzaron a recibir críticas y malas reseñas, mientras decenas de personas expresaron su inconformidad con frases como “Ahora la bebes o la derramas”, haciendo referencia a las consecuencias de la publicación.
Horas más tarde apareció un mensaje de disculpa en el que se leía:
➡️“Pido una disculpa a todos los que se sintieron ofendidos, fue una mala publicación en un mal momento en mi muro personal para mis amigos.”
Sin embargo, la explicación no convenció a muchos usuarios, quienes señalaron que la publicación se realizó desde una cuenta identificada con el nombre del restaurante, por lo que consideraron que el negocio quedó directamente vinculado con el mensaje. Minutos después, esa disculpa también fue eliminada.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa la importancia del manejo responsable de las redes sociales cuando representan a una empresa. Una opinión publicada sin medir sus consecuencias puede afectar la reputación de un negocio y la confianza de sus clientes.
La recomendación para cualquier dueño de restaurante o empresa es clara: las emociones pasan, pero el impacto en la imagen de un negocio puede durar mucho tiempo. Cuando una marca está de por medio, lo más prudente es actuar con profesionalismo y dejar el manejo de las redes sociales en manos de personas capacitadas para cuidar la reputación de la empresa.
Hay numerosos argentinos que han encontrado consuelo a su derrota en la final del Mundial en la apreciación de que la selección española (y los españoles, en general) han sido muy comedidos a la hora de celebrar su victoria. Si ese sentimiento es generalizado en Argentina (que no lo sé), esto nos ofrecería una pista clara sobre las razones por las que el país del Río de la Plata ha estado en la ruina y, sobre todo, de las consecuencias de haber sufrido dicha ruina durante tanto tiempo.
En las sociedades modernas, el deporte de competición es la vía de escape habitual a los pesares del día a día. Más en concreto, el fútbol ofrece a muchísimas personas una existencia en miniatura en la que poder experimentar, sin la amenaza del abismo, los límites emocionales de una vida que de por sí, tal vez, nunca dé para tanto. El entusiasmo, ese sentimiento que los griegos definieron con la impresión de "llevar un dios dentro", habitualmente requiere una plenitud trabajada, una sensibilidad construida con esfuerzo y alejada de las inercias de lo inmediato. El fútbol proporciona un atajo, quizá no a ese entusiasmo puro, pero sí a un sucedáneo en el que la felicidad no depende del bienestar familiar, del éxito laboral o de las mieles del amor logrado, sino de que unos señores sean capaces o no de meter una pelota dentro de una portería.
La historia de Argentina ha dado muchos motivos para este acto de escapismo, para esta enajenación. Décadas de inflación, crisis recurrentes, devaluaciones, corrupción y frustración política han convertido las grandes victorias deportivas en uno de los pocos territorios donde la nación podía reconocerse en el espejo de su elevada autopercepción. Los españoles, en cambio, transitamos en un contexto distinto y, en cierta manera, antagónico: la excepcionalidad española rara vez la sentimos para bien y la autocrítica es parte de nuestra idiosincrasia nacional. Los éxitos deportivos, más que demostrarnos lo buenos que realmente somos, se nos aparecen como refugios en los que experimentar que tan malos no seremos.
Después de una generación de éxitos extraordinarios (en fútbol, baloncesto, tenis, bádminton o motociclismo), las victorias españolas parece que han perdido parte de su carácter milagroso y las derrotas, aunque duelan, ya no anuncian una nueva decadencia nacional. El deporte ha recuperado, en cierta medida, su condición de juego.
Quizá esa sea la diferencia más importante entre una sociedad próspera y otra acostumbrada a vivir en la incertidumbre. La primera puede permitirse celebrar sin humillar porque sabe que su bienestar no depende del marcador. La segunda deposita sobre noventa minutos una carga emocional insostenible y tóxica. Cuando el balón carga con el peso de la economía, de la política y de la autoestima nacional, se puede decir que adquiere la condición de opio del pueblo.
Siempre sostuve que lo peor del ser humano aflora con las religiones y los nacionalismos. Olvidé mencionar el fútbol, que a veces conjuga ambas cosas. Y en cierto modo, el fútbol es como Twitter: retrata muy bien lo mejor y lo peor del individuo. Y no me refiero a los jugadores.
No seamos injustos, no nos equivoquemos. Con su zafio comportamiento, sucias maneras y mal perder, la selección que jugó contra España no representó a Argentina, que es mejor que eso. Representó sólo a la parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad argentina.
Until England last night, Mexico had not lost a single game at Azteca stadium since 2013. I’m still buzzing from it… it was truly a fortress.
After coming back down from low-earth orbit to see the pyramids today, it all makes sense - that stadium was built to channel the same primal spirit of the Mesoamerican warriors.
Its brutal incline compresses the surging crowd into a single, seething organism - thousands of bodies are fused shoulder to shoulder, chest to back, breath to breath, hearts hammering in unison like war drums beneath the roar. It is more than intimidating. Even if you don’t fear God, you will fear the Azteca.
Sound and raw energy erupt like blood offerings to insatiable gods; each thunderous chant, each collective gasp amplified by the sheer mass of 80,000+ souls. I had to wear ear plugs throughout the game.
Estadio Azteca is a middle finger to the entire concept of safetyism, engineered much like the Temple of the Moon itself with its steep, vertigo-inducing incline.
Walk the rows and your feet balance on maybe twelve inches of concrete, barely enough to plant a stance, while a pathetic little lip at the edge does nothing except to further destabilize you.
One wrong shift, one over-enthusiastic high-five, and you’re plummeting like a human sacrifice toward the pitch below. @MrWinMarshall called it mutually assured death. Every person trying to exit the row had to be held in a mutual trust exercise lest he be lost to gravity.
The Mexican fans played their part. Rowdy as hell - boos raining down like arrows, beer (I hope) flying in downward arcs. I didn’t mind because it was all part of the game - they were channeling the warrior ethos that once made empires tremble.
It felt dangerous, electric, and alive in an ancient way. Yet the second the final whistle blew, the same crowd turned gracious and warm as they urged us to take down Argentina next. That duality is pure Aztec too - fierce in battle, honorable in spirit.
With only a small pocket of support (at most ten percent of the vast arena), the English voices were utterly swallowed by the thunderous tide of home devotion. Yet still, they stood tall.
The resilience required to win here defies measure. It was courage forged in fire, a will that refused to bend beneath the weight of hostility and inevitability. Every single player gave everything for the Three Lions and for the nation. They did not merely survive the Azteca - they conquered it.
This is a victory to be cherished and a testament to the enduring spirit of Tuchel’s team. Let every English heart swell with pride.
Since my unexpectedly lengthy softball dissertation appears to have escaped containment...
A few clarifications:
1. NiJa is absolutely entitled to negotiate for every dollar she believes she's worth. Negotiating is her prerogative- with its associated risks.
2. My criticism was never of the negotiation itself. It was of the attempt to frame a contract dispute as a brave, selfless stand for the future of women's sports. That narrative ignores the generations of women who carried this game through far leaner times, understates the economic realities of a two-year-old league, and mistakes leverage for leadership.
3. Criticism is not "shaming." Public figures making public decisions and issuing public statements invites public discussion. That's true in every sport.
If we want softball to be treated like a major sport, we can't demand major-sport attention while insisting athletes be exempt from major-sport scrutiny.