Descendiste. Suspendés el partido a los 80 minutos. Agarrás las butacas de tu propia cancha, las rompes, las tirás sobre el cemento y las prendés fuego. Vas por el alambrado, también querés romperlo. Salís, quemás tu barrio y te peleás con tu propia gente. De eso no se vuelve.