En la DANA de Valencia, sesenta y ocho personas murieron en su casa. En su propia casa.
Hay algo muy desasosegante en el hecho de morir por culpa de tu casa. No de morir en tu casa —eso, en muchos casos, es casi una aspiración: cerrar los ojos en la misma habitación donde aprendiste a leer, donde tu madre planchaba con gesto mecánico frente a la radio—, sino de morir porque la casa, la tuya, se ha convertido en una trampa. Porque lo que debía protegerte —muros, puertas, ventanas, cerraduras, suelos— ha pasado a ser una estructura de encierro. Porque el agua ha llegado y no ha salido. Y tú estabas dentro.
Una planta baja, en casi cualquier parte de l’Horta Sud, no era hasta hace poco un lugar percibido como vulnerable. Era, si acaso, más accesible, más fresca en verano, seguramente más barata. También más ruidosa y más expuesta. Pero no era peligrosa. En algunas de esas casas vivía gente mayor porque siempre habían vivido ahí. En otras, familias recién llegadas, que habían alquilado la planta baja porque era lo que había. En todas, cuando la lluvia empezó, no hubo una alarma clara. Solo una acumulación de signos que nadie supo leer a tiempo porque no hubo tiempo: el ruido sordo en las tuberías o la velocidad endiablada con la que el agua subía por el patio interior o el modo en que la puerta principal, una vez hinchada y forzada por la presión que venía del otro lado, ya no abría. Cuando quisieron salir, no pudieron. Cuando gritaron, el agua les llegaba al pecho.
En algunos casos, se encontraron los cuerpos horas después, cuando el nivel había bajado. No flotando, como en las escenas más crudas del cine catastrofista; sentados en el suelo, desmadejados contra una pared, como si hubieran decidido rendirse en algún punto del proceso. Como si hubieran entendido —demasiado tarde— que la casa ya no estaba de su parte.
Esa imagen es de una violencia muy específica. Por su significado. Por todo lo que la precede: la idea de que el lugar más íntimo, el que contiene tu rutina, tu ropa, tus cables de cargador doblados sobre sí mismos, tus marcos con fotos de hace una década, puede convertirse de un momento a otro en una cápsula sin salida. Como un ascensor sellado. Como un cajón hermético. Como un ataúd.
Es posible que algunas de esas casas ya hubieran tenido avisos: humedades antiguas o filtraciones menores cada vez que llovía más de la cuenta. Pequeñas señales ignoradas. No por irresponsabilidad, sino por costumbre. Porque nadie construye una casa pensando en su capacidad para matar. Nadie alquila una planta baja preguntando cuántos centímetros por encima del nivel del mar está el umbral. Nadie imagina que una tarde cualquiera de octubre puede terminar con el agua a la altura del cuello. Pero eso es exactamente lo que ocurrió.
Y no fue lejos. No fue en lugares apartados, sin cobertura. Fue en los pueblos que rodean Valencia. En calles con nombre. En esquinas iluminadas. En casas donde esa misma mañana alguien había hecho café, había planchado una camisa, había regado una planta.
Murieron dentro de casa. Pero no porque les hubiese llegado su hora.
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Este texto es un extracto de “Catedral de Escombros”, el libro que más me ha costado escribir y el que más creo que merece ser escrito.
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🔴⚠️ AVISO ROJO | Lluvias torrenciales.
➡️ Peligro extraordinario en las provincias de Tarragona, Castellón y Valencia la tarde-noche del domingo y el lunes.
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Cuatro ministros de derechas de los Países Bajos han dimitido... Demostrando ser más críticos con Israel, más coherentes con la defensa de los derechos humanos que los ministros de Sumar (IU, Más Madrid, Comuns) en el gobierno español.
Gaza.
The first famine in modern history where a mere 30minute drive away people are eating in lavish restaurants.
The first famine in modern history to take place on fertile land with food in abundance at the border being blocked.
The first engineered famine in modern history
Journalist Saleh al-Fafowari has tragically died of starvation in Gaza.
This marks the 17th time Israel has killed him since the start of this conflict.
💔🇵🇸 RIP
A group of Zionists with flags and whistles tried to interrupt the start of our gig in Paris just now.
"We're not like them. We're not like Israel. We're not here to cause fights. It's all love it's all support for Palestine."
Un niño palestino en Gaza busca restos de comida en ollas vacías, una escena desgarradora que refleja la crueldad del hambre que azota a los niños en la Franja sitiada, en medio del silencio mundial y una tragedia humanitaria que empeora día a día.
El 24 de agosto de 1944 los republicanos españoles de La Nueve liberaron París de los nazis.
Honor y Gloria
#FCKNZS#SiempreAntifascista
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Ibtissam Lachgar is a Moroccan feminist who risks up to five years in prison for allegedly offending #Islam. The T-shirt she wore in a photo posted on social media read: “Allah is a lesbian”. Her trial is scheduled for 27 August. She has been in preventive detention since 10 August. https://t.co/MOxMMDzWUG
Ibtissam Lachgar, la feminista de #Marruecos que corre el riesgo de ser condenada hasta 5 años de cárcel por ofender al #islam. "Alá es lesbiana", se podía leer en la camiseta con la que se exhibió en redes sociales. El juicio se celebrará el 27 de agosto. Ella está en prisión preventiva desde el 10.
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La campaña publicitaria del chef que legitima a Israel
No hay nada de heroico ni de altruista en quien estrecha la mano de los genocidas y reparte un plato de sopa a sus víctimas para promocionar su marca.
Escribo en @publico_es
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