“ pensé que te gustaba lanzarte al mar. ”
hay una risita escapando de la blonda, quien se acerca hasta la roca dónde hay tantos planos como herramientas.
moviendo algunas con su pie, logra hacerse un lugar para no pisar nada.
sus ojos apuntando hacia arriba para
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buscar la mirada esmeralda.
una sonrisa genuina se forma en sus labios, sintiéndose cómoda junto a él.
tomando un martillo, se acercó hacia el castaño para alcanzárselo; asomándose a sobre su hombro, su pulgar limpió la marca de hollín sobre su mejilla.
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salvó a cientos de vikingos con esas manos tan suaves. . . aquel carisma impenetrable y los dos pares de ojos tan dulces.
¿seguiría siendo aquel chico que la llevaría a dar un paseo sobre su furia nocturna? tan sumida en pensamientos que olvida la presencia del dueño de los
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mismos.
¡pum! un proyectil de nieve impacta contra ella, congelando su sistema por algunos segundos.
oh, haddock, que suerte
tienes de ser tan lindo.
“ vas a comer nieve. ”
con una agilidad digna de ella, un puñado de nieve es alcanzado y amoldado en forma de esfera entre
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“ ¡perdóname! por la barba de odín, no fue intencional. ” la sonrisa se mantiene en los carmines de la muchacha, soltando la suave mano, no sin antes dejar una caricia.
parecía irónico, su piel era tan suave, si le dijeran que aquel chico trabajo en una herreria y luego
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se ha quedado congelada los primeros segundos. los dioses la odiaban o ella era realmente olvidadiza, se le pasó la falta de una extremidad ajena.
pronto, los nervios la hicieron estallar en una carcajada, presionando la mano de hipo contra su pecho; a la altura del corazón.
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⠀ las bromas hacen que su sonrisa aparezca después de mucho tiempo escondida.
es torpe y tímida pero una sonrisa sincera.
⠀ observa la melena rubia mientras ella atiende a la herida. sus ojos parecen evaluar y sopesar el hecho de
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“ ¡lo sabía! ” un pequeño baile de festejo ha realizado la blonda, quien soltaba risas bajitas para demostrar su victoria ante el sonrojo ajeno.
“ ¿qué ha hecho ahora? ”
“ nada de nada. ” quizás era eso, la escasez de ocurrencias por la isla, motivo que mantenía a la rubia completamente aburrida.
“ ¿sigues discutiendo con thorston? ”
la sonrisita se ensancha en las comisuras de astrid cuando piensa en una tarde de chismes.