Dejé de esperar a quien me dejó esperando bajo la lluvia mientras me cerraba la puerta en la cara.
Dejé de emocionarme por los mensajes de quien me dejaba para el final del día o para cuando el aburrimiento le recordaba mi presencia.
Dejé de ser una opción y me volví prioridad.
Llegaste como ninguna,
y te fuiste como todas...
Como ese rayo de sol que baña
la cornisa cada mañana y que
al llegar la tarde también se va.
Como el riachuelo que se interna en
el valle alejándose de mi vista
hasta perderse en el horizonte.
Te fuiste,
y me quedé sin mí.