Si ustedes tienen libros que ya no piensan darle utilidad, me ayudarían si me los donan. Vendo libros usados y es mi única fuente de ingresos. Soy Bombero Veterano y también Persona con discapacidad que mantengo esta actividad laboral. Por DM y los retuit se los agradezco.
Mi hijo empezó a decir que no quería ir al colegio.
Tiene 8 años.
Yo 36.
Siempre le había gustado.
Nunca se quejó.
Nunca dio problemas.
Hasta hace un mes.
—No quiero ir —decía cada mañana.
—Son cosas de niños —pensé.
Insistí.
—Tienes que ir.
No pregunté más.
No tenía tiempo.
Trabajo.
Cuentas.
Rutina.
Una mañana lo vi diferente.
Más callado.
Más lento.
—¿Te pasa algo? —pregunté.
—No —respondió.
Muy rápido.
Lo dejé en la puerta del colegio.
Ni siquiera se despidió.
Eso no era normal.
Esa tarde la profesora me llamó.
—Necesitamos que venga —dijo.
Fui.
Pensé que era por notas.
O comportamiento.
No era eso.
Me sentaron en una oficina.
Mi hijo estaba ahí.
Mirando al suelo.
—Hemos notado algunos cambios —dijo la profesora.
Asentí.
—¿Qué tipo de cambios?
Se miraron entre ellas.
—Hemos encontrado esto en su cuaderno.
Me lo entregaron.
Era un dibujo.
Un niño solo en un rincón.
Otros niños riéndose.
Encima había una frase.
“No quiero volver.”
Sentí un golpe en el pecho.
Miré a mi hijo.
—¿Esto es verdad? —pregunté.
No respondió.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Me dicen cosas —susurró.
El mundo se me detuvo.
—¿Qué cosas?
—Que soy raro… que nadie quiere jugar conmigo.
No supe qué decir.
No supe qué hacer.
Solo recordé todas las mañanas que lo obligué a entrar.
Sin escuchar.
Sin preguntar.
Esa noche no dormí.
No por rabia.
Por culpa.
Mientras lo veía dormir entendí algo que nadie te dice:
A veces no ignoras un problema porque no lo veas.
Lo ignoras porque decides no escuchar lo suficiente.
Y cuando un niño deja de insistir…
no es porque esté bien.
Es porque aprendió que nadie lo está entendiendo.
En 2012, una pandilla en México secuestró y asesinó a la hija de 20 años de Miriam Rodríguez.
Indefensa ante el gobierno y la policía, buscó a los asesinos de su hija, los acosó y los persiguió uno por uno hasta que todos murieron o fueron encarcelados.
Usó identificaciones falsas, armas e incluso se disfrazó para rastrearlos.
El 10 de mayo de 2017, Día de las Madres en México, un hombre armado irrumpió en su casa y le disparó varias veces.
Murió camino al hospital.
Honor
El precio del “osito de @Starbucks y el estudio del idiota promedio.
Me llama poderosamente la atención que ese famoso osito con chocolate de @Starbucks en Estados Unidos cuesta 30 dólares, es decir, unos 235 quetzales.
En México vale 580 pesos, o sea, aproximadamente 270 quetzales.
Pero aquí, en Guatemala, el mismo producto cuesta 587 quetzales.
Entonces, ¿qué significa eso?
Que las grandes marcas no ponen precios al azar. Ellos estudian el mercado. Saben exactamente cuánto está dispuesto a pagar el público en cada país.
Y si aquí ponen casi el doble del precio, es porque ya nos estudiaron y concluyeron que en Guatemala hay suficiente gente dispuesta a pagar cualquier ridiculez solo por aparentar o sentirse “de otro nivel”.
Ese “osito” se volvió más que un chocolate caliente: es un experimento psicológico que revela cómo el ego y la ignorancia del consumidor pueden inflar los precios sin lógica alguna.
Nos tratan como tontos porque hay quien paga sin pensar. Y mientras sigan existiendo los que lo hacen, seguirán cobrándonos como si fuéramos idiotas felices.