A veces, la vida se llena de ruidos que no valen la pena: opiniones ajenas, problemas pequeños, expectativas que no son tuyas. Y en medio de todo eso, se te olvida lo más importante: lo que te mueve, lo que te da paz, lo que te hace sentir vivo.
Tremendo paréntesis en la vida notar que la sola compañía de una persona que genera alegría es capaz de transformar radicalmente la forma de habitar el cotidiano. Como Austen cuando escribe: no hay encanto igual al de un corazón que se complace en hacer felices a otros.
Para mi una característica de la gente atractiva es la madurez. Hay algo muy erotizante en una persona desenroscada y resolutiva porque suele tener una lectura de las cosas enfocada en resolver y no tanto en revolcarse en el problema.
Las chicas y yo sin saber si es depresión, anemia, capitalismo, el eclipse, la situación del mundo, la semana premenstrual, el patriarcado, la crisis climática o mercurio retro.
A veces el punto de equilibrio está paradójicamente en el derrumbe. Cuando uno se permite el derrumbe, también se permite el hartazgo. Y por ende la liberación. Se cae, pero también tira abajo aquello que no quiere sostener más.