Lo de Moldavsky hijo es reamenlte un mérito. Hay que sentarse en una misma mesa que Nati Jota y Homero Pettinatto y, aún así, ser el más pelotudo de la misma.
Lo del martes fue un rotundo fracaso pero no es peor que descender (como insólitamente dijo alguien a la salida de la cancha) y tampoco es el final del año deportivo. Solamente hay que agarrar algún libro sobre la historia del club para entender que hubo crisis y momentos mucho más complejos (y Riquelme no era el presidente).
Con o sin Gago, Boca tiene que volver a jugar como Boca, con los dientes apretados y una idea de juego que se pueda sostener en el tiempo, tanto de local como de visitante, donde las prestaciones de los últimos años fueron generalmente bajas. El 4-3–1-2 parece ser el mejor sistema táctico para este plantel (la etapa de los inventos espero que haya quedado atrás por parte del actual DT).
Queda mucho por jugar en este 2025 (Apertura, Clausura, Copa Argentina, clásicos ante River y el Mundial de Clubes), aceptando que la Libertadores era el gran objetivo. Se respetan casi todas las opiniones pero de ninguna manera me voy a sumar a la corriente de que ya nada importará y que algún eventual logro carecerá de relevancia. Boca es más grande que cualquier torneo. Y ahí estaremos, como siempre.
El piso de #Boca es no jugar la Copa Libertadores. El techo, ganarle finales del mundo al Real Madrid y al Milán.
Por esto, la exigencia y el descontento del hincha, como de ser.
El piso de otras instituciones es perder la categoría.
¿El techo? Ganarle a Boca.
Fin.