Adela Cortina, filósofa: “Necesitamos periodistas profesionales para extender la libertad, el conocimiento. El periodismo es imprescindible, forma conciencias, y eso la IA nunca lo tendrá" https://t.co/35zW6X8xUm
Israel asesina a la periodista Amal Khalil en el sur de Líbano, una reportera que llevaba años cubriendo la zona y que siempre era amable y buena compañera.
Los ataques israelíes repetidos en el mismo lugar, el bombardeo contra el lugar donde se refugiaba con otra periodista y el bloqueo al acceso médico por parte del Ejército de Israel dejan clara la intención y la grave violación del derecho internacional.
Israel no respeta el alto el fuego ni en Líbano ni en Gaza.
Tras horas de tensión e incertidumbre, el cuerpo de la periodista libanesa Amal Khalil ha sido hallado bajo los escombros de un edificio en el que se refugió tras ser bombardeada en su vehículo con una colega. El ejército israelí disparó a sus rescatistas https://t.co/adfPuSPrJW
B R A I N R O T
La decadencia de la inteligencia.
Una vez más, la literatura anglosajona se nos anticipa en la construcción de términos y palabras que reflejan y representan la aflicciones propias del mundo moderno. Sin embargo, se padece y se sufre en todos lados. La herencia de la tecnología, esa que nos hace la vida mejor, también lleva —la bacteria— de la destrucción cognitiva, sin embargo tiene antídoto, y es de elección individual: Leer, instruirse y dialogar…en definitiva, pensar.
Hay decadencias estruendosas, visibles, casi teatrales. También las hay más sutiles, que no anuncian su llegada con trompetas, sino con notificaciones. El «BRAINROT» pertenece a esta última categoría: no irrumpe, se infiltra. No destruye de golpe, erosiona con paciencia.
La traducción literal —“podredumbre cerebral”— podría parecer exagerada si no fuera, precisamente, tan exacta. No se trata de una enfermedad diagnosticable, ni de una patología inscrita en manuales clínicos, pero sí de un fenómeno reconocible: la progresiva incapacidad de sostener el pensamiento en un mundo que ha hecho del estímulo inmediato su religión.
El sujeto contemporáneo —ese que desliza el dedo con la cadencia de un rosario digital— ha sido entrenado para consumir sin detenerse, para reaccionar sin procesar, para sentir sin comprender. Cada video, cada fragmento, cada estímulo, es un pequeño impacto que no deja huella profunda, pero sí una fatiga acumulativa. Y así, en la aparente inocuidad del entretenimiento liviano, se va instalando una forma de deterioro que no duele, pero limita.
El brainrot no anula la inteligencia; la superficializa. No elimina el pensamiento; lo fragmenta. Convierte la atención en un bien escaso y la reflexión en un esfuerzo incómodo. Lo complejo se vuelve tedioso, lo extenso insoportable, lo profundo innecesario. Y en ese desplazamiento, casi imperceptible, se redefine el estándar de lo que entendemos por comprender.
Hay en esto una ironía inquietante: nunca antes habíamos tenido tanto acceso al conocimiento, y nunca había sido tan difícil habitarlo. La abundancia informativa no ha generado lucidez, sino dispersión. El exceso no ilumina; encandila.
Pero el fenómeno no es meramente tecnológico. Es cultural. Es, si se quiere, una renuncia silenciosa a la densidad. Porque el problema no radica únicamente en lo que consumimos, sino en lo que dejamos de exigir. El cerebro, como cualquier órgano sometido a hábito, se adapta. Y cuando se le acostumbra a lo inmediato, comienza a rechazar lo que exige tiempo. Así, la paciencia intelectual —esa virtud discreta que permite pensar con profundidad— se transforma en una rareza.
Lo más inquietante del brainrot no es su existencia, sino su normalización. Se lo asume como parte del paisaje, como una consecuencia inevitable del progreso, como el precio menor de una era hiperconectada. Pero toda normalización encierra un riesgo: aquello que deja de cuestionarse, comienza a consolidarse.
No se trata, por cierto, de una cruzada moral contra el entretenimiento ni de una nostalgia impostada por tiempos supuestamente más reflexivos. Se trata de advertir una tendencia: la progresiva incapacidad de sostener una idea sin la necesidad de estímulo constante. Y eso, en una sociedad que pretende deliberar, decidir y proyectar, no es un detalle menor.
Porque una mente que no puede detenerse, difícilmente puede pensar. Y una sociedad que no piensa, inevitablemente repite.
El brainrot, en definitiva, no es la causa de nuestra distracción, sino su síntoma más visible. Un espejo incómodo que no muestra lo que somos, sino lo que estamos dejando de ser.
Finalmente, si usted, mi estimado y respetado lector, llegó hasta aquí, puede leer este texto con la tranquilidad necesaria, pero con la preocupación y deber de mirar y exigir a quienes le rodean, y cuando le respondan, que su escrito es un texto muy largo, reflexione y celebre con orgullo su inmunidad frente a la bacteria del brainrot. @MisColumnas
"Parque Para Penco"| Movimiento ciudadano que busca un plan integral de conservación de la biodiversidad de la zona, consolidando sus cerros y bosques como un pulmón verde de relevancia para la comuna y región https://t.co/Q35j8yC0zJ #Penco#Concepción#Noticias#BíoBío🌲🏞️
En espacios de ironía y con resonancia en RRSS, el augurio de un evento apocalíptico que ponga fin a la humanidad a ratos vuelve a rondar en las mentes más fantásticas, temática abordada en #DontLookUp de 2021, bajo la inminente colisión de un asteroide que azotaría la🌍 #Netflix
@AxelCallis@GiorgioJackson Lo de la 'superioridad moral' (mantra en #CNNChile hoy) envalentonó a los medios a blindar aún más 'Los 30 años'. https://t.co/QApGKSagWR (De esto nunca más supimos)
Aquí la TV Alemana explicando muy bien como los Chilenos son el laboratorio de los Chicago Boys en América Latina, ese mantra neoliberal sigue vigente y explica lo que pasó ayer en esa nación.