Ya salí a tocar pasto y el pasto era sintético, las aves eran cámaras del gobierno, el viento veneno industrial producido por máquinas que comen humanos y el verano era una mentira, el infierno disfrazado de sonrisa. Prefiero recostarme en los pastizales digitales de Twitter.
Algo que me ha gustado mucho de este mundial es la reivindicación de la “naquez” de la cultura mexicana.
Somos ruidosos, somos alegres, somos ocurrentes y somos espontáneos.