No hay nada más agachón que un mexicano pidiendo disculpas a los extranjeros por “no tener una ciudad a su altura”. Ese complejo de inferioridad, como si uno fuera a sus países a decirles toda la mierdita que hay.
No está mal emocionarse por el mundial. No está mal anhelar que México logre llegar lejos esta vez. Lo que sí está mal es ser indiferente ante el dolor de las madres buscadoras, la marginación de las sexo servidoras, el olvido del CNTE.
Que ser aficionado no te nuble la vista.
Que forma de prostituir una bonita tradición nada más para lamerle las patas a los 3 extranjeros que van a pisar México por el mundial. ESTO. NO. ES MÉXICO