Los perdigones sn los migrantes marroquíes, la escopeta es la dictadura de Mohamed VI, la perdiz es el Gobierno de España, los señoritos son Donald Trump y Netanyahu, y la derecha española son sus vasallos.
España se ha visto ante una crisis gravísima defendiendo una frontera europea. Y en ese momento, las derechas europeas, todas, las eurófobas y las supuestamente eurófilas, han actuado como buitres para intentar dañar a un Gobierno que no les gusta porque no es de su familia política. 48 horas después los migrantes están de vuelta en Marruecos sin ayuda ni solidaridad europea alguna y con varios gobiernos, como el italiano y el finlandés, comportándose como auténticos trumpistas.
La buena noticia es que España no es así. Las tropas españolas irán igual a Finlandia a proteger la frontera oriental europea. Y cuando haya una crisis en otro país, España ayudará en lo que pueda.
Se llama superioridad moral. Nosotros no somos buitres.
Viendo el mapa de los incendios, resulta que me ha dado por echar un ojo a las licitaciones de la zona y he encontrado algo interesante. En 2023 se planteó cerca de esta zona el Parque eólico Ágata (110 MW, 19 aerogeneradores de más de 200 m de altura). El promotor era Green Capital Development, y la
ubicación principal de los aerogeneradores era Peguerinos (Ávila).
La infraestructura de evacuación cruzaba hacia Madrid y
afectaba a áreas próximas a San Martín de Valdeiglesias y a zonas de protección (IBA “El Escorial-San Martín de Valdeiglesias”, pinares del Bajo Alberche, etc.).
El resultado fue una Declaración de Impacto Ambiental negativa (BOE de enero de 2023). El proyecto fue tumbado por el MITECO por sus impactos sobre avifauna, hábitats protegidos y paisaje.
Algo semejante ocurrió en Matarraña (Teruel) el año pasado. En julio de 2025 el Ministerio para la Transición Ecológica dictó Declaración de Impacto Ambiental desfavorable al proyecto original (parques Arlo, Céfiro, Paucali y Argestes). Pocas semanas después ocurrieron los incendios del verano pasado. Curiosamente, en julio de 2026 (hace escasas dos semanas) la empresa ha reactivado el proyecto con una versión modificada.
En este punto de la narración, tocaría hablar del fraude generalizado en las Declaraciones de Impacto Medioambiental (DIA) de empresas como Forestalia. Precisamente por ello están procesados en la actualidad Fernando Samper Rivas, Presidente y dueño de Forestalia, o Eugenio Domínguez Collado, Ex Subdirector General de Evaluación Ambiental del MITECO, por delitos de prevaricación ambiental, cohecho, organización criminal y blanqueo.
El fraude consiste en manipular el sistema de evaluación ambiental para que proyectos de renovables (principalmente eólicos y solares de Forestalia) obtuvieran DIA favorables de forma irregular. Entre los proyectos que salieron beneficiados del fraude de las DIA, el principal y más mediático es el Clúster del Maestrazgo (Teruel), considerado el mayor complejo eólico de España en tramitación. Se habla de alrededor de 52 proyectos de Forestalia (eólicos y solares) cuyas DIAs están bajo sospecha.
Muchos se sitúan en Aragón, especialmente Teruel y Zaragoza, zonas especialmente asoladas por incendios, tanto el año pasado como éste.
Además, precisamente Forestalia, saca una buena tajada llevándose los arboles quemados a sus plantas de biomasa. Esa madera suele venderse a precios muy inferiores a la madera sana, a veces a precio de “saneamiento” o incluso con ayudas públicas para su retirada. Puede llegar a plantas de biomasa a costes significativamente más bajos, especialmente si está cerca de la planta, debido al menor coste de transporte. Tal fue el caso del año pasado en los incendios del Bierzo, cuando la madera quemada se llevó a la central de biomasa de Cubillos del Sil, propiedad de Forestalia.
En definitiva, el fuego resulta muy rentable para algunas empresas pero muy costoso para los ciudadanos. El coste por hectárea de la extinción multiplica por 10 el coste de prevención (limpieza del monte, quemas controladas,etc.). Mantener el monte asalvajado favorece que los incendios cada vez sean más virulentos, y por tanto, es bueno para el modelo de negocio que describo. A mayor abundamiento, en muchas CCAA, los medios de extinción están privatizados, lo que sigue incentivando el negocio del fuego.
Este es el modelo de negocio en que pretenden convertir el monte de nuestro país. Quien quiera profundizar en este perverso sistema de incentivos que favorece que siga quemándose España, puede ver la entrevista que le hice precisamente ayer a @MetaforaVisual_ a colación de su documental "Ladrones de Fuego".
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Amigos, amigas, se cumple un año desde que me diagnosticaron cáncer. Llevo en tratamiento desde entonces y aún no tengo el alta ; sigo sin reincorporarme a mis trabajos. Viajo, como tantos, en una montaña rusa, pero no desfallezco. Nunca !! Gracias por vuestro apoyo. UN ABRAZO
“¿Dónde vivía esta gente indignada –y con toda la razón– en el periodo 2015-2024? ¿Dónde estaban cuando se aprobó y se aplicó la Ley de Partidos? ¿Por qué no se rompían la camisa en Twitter cuando se conoció el caso Titiriteros, el caso Alberto Rodríguez, el caso Granadinas, el caso Monedero, el caso Niñera, el caso Dina, el caso Oltra, las cuentas falsas de Trías en la portada de El Mundo, los desmanes de la policía patriótica, la causa general y la condena a los procesistas catalanes, la reunión de Inda y Urreztieta con la fiscal general del Estado (y su mano derecha, Álvaro García-Ortiz) en casa de Baltasar Garzón el día que salía Villarejo de la cárcel
¡Qué escándalo, aquí se juega!, gritan ahora con el pecho henchido de furia quienes agacharon la cabeza como avestruces cuando el Estado Profundo y sus terminales judiciales, mediáticas, empresariales y policiales trataban de destruir por todos los medios al movimiento de izquierda más fuerte de Europa, aquel que competía con el PSOE por ganar las elecciones y gobernar el país
Durante años, tanto la prensa progresistamimada por la banca y la gran empresa como el PSOE (el sanchista y el antisanchista) tomaron partido por las cloacas y eligieron ser cómplices de Ferreras, Inda, Olivera, García-Castellón y sus secuaces. Tal vez consideraron que era el mal menor, que aquellas acciones ilícitas de la judicatura y de los aparatos policiales y mediáticos corruptos eran solo un accidente del camino, una anomalía temporal, desagradable pero necesaria para mantener a flote el deteriorado sistema monárquico del 78”
Un editorial muy valiente de @ctxt_es
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Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
Presento las bases comprobadas del posible fraude. Que puedo entregar a autoridad competente.
Dije que no reconocí los datos del preconteo del software de los hermanos Bautista es porque tengo datos.
Mi compromiso con mi pueblo y el amor a mi país por el que he luchado toda mi vida hace que arriesgue todo al transmitirlo y lo voy a hacer en este momento.
El registrador se negó permanentemente a entregar el código fuente que era el requisito básico de la transparencia electoral.
Lo hice porque por sentencia plena del consejo de estado del 2018, se declaró ese software vulnerable desde dentro y desde afuera.
Ante mi denuncia sobre que el software fue modificado en días en los que por norma legal debería mantenerse quieto, el registrador dijo que era imposible.
Esto solo indica que la registraduría no tiene control del software, como ya sabíamos.
El software si fue modificado y dos veces el 26 de mayo del 2026. La primera modificación ocurrió a la 1.21.35 pm y la segunda a las 7.21.13 pm
La modificación consistió en modificar el censo electoral y el número de puestos y mesas. El diario el tiempo logró descubrir solo la modificacion de mesas.
La cuantía de la modificación es la siguiente:
Censo oficial 41.421.973. está cifra fue cambiada en DIVIPOL en el software de los hermanos Bautista el 26 de mayo del 2026, cinco días antes de las elecciones en la siguiente cantidad 42.307.373.
La diferencia es de 885.409 nuevas cédulas que no se inscribieron en la fecha legal.
También se variaron los puestos de votación, aumentandolos de la siguiente manera:
De 13.742 oficiales a 14.438 en DIVIPOL, software de los hermanos Bautista, diferencia 696 puestos de votación.
Esto da un cambio en el número totales:
Mesas oficiales, ya escritas: 120.527, pero en DIVIPOL de los hermanos Bautista, quienes son los que hicieron el conteo hay 122.020 con una diferencia de 1493 mesas adicionales, que no posiblemente no han sido escrutadas.
Puedo probar ante autoridad competente estos hechos.
En el conteo de votos de los hermanos Bautista, aparecen 5.300 mesas con ms de 300 votos en el día, que es la cifra que máximo pueden votar en las horas de elección, muchas llegan a 700 votos.
En esas mesas es donde se ubica la ventaja de 635.000 con que Abelardo supera a Cepeda.
Entrego el dato completo de las 5.300 mesas.
Me jode que, cuando hago chistes sobre la Semana Santa y los fachas me dicen que no me atrevo con el Islam, no se den cuenta de que yo también me atengo al principio de “Prioridad nacional”
Because we get asked a lot.
The Technological Republic, in brief.
1. Silicon Valley owes a moral debt to the country that made its rise possible. The engineering elite of Silicon Valley has an affirmative obligation to participate in the defense of the nation.
2. We must rebel against the tyranny of the apps. Is the iPhone our greatest creative if not crowning achievement as a civilization? The object has changed our lives, but it may also now be limiting and constraining our sense of the possible.
3. Free email is not enough. The decadence of a culture or civilization, and indeed its ruling class, will be forgiven only if that culture is capable of delivering economic growth and security for the public.
4. The limits of soft power, of soaring rhetoric alone, have been exposed. The ability of free and democratic societies to prevail requires something more than moral appeal. It requires hard power, and hard power in this century will be built on software.
5. The question is not whether A.I. weapons will be built; it is who will build them and for what purpose. Our adversaries will not pause to indulge in theatrical debates about the merits of developing technologies with critical military and national security applications. They will proceed.
6. National service should be a universal duty. We should, as a society, seriously consider moving away from an all-volunteer force and only fight the next war if everyone shares in the risk and the cost.
7. If a U.S. Marine asks for a better rifle, we should build it; and the same goes for software. We should as a country be capable of continuing a debate about the appropriateness of military action abroad while remaining unflinching in our commitment to those we have asked to step into harm’s way.
8. Public servants need not be our priests. Any business that compensated its employees in the way that the federal government compensates public servants would struggle to survive.
9. We should show far more grace towards those who have subjected themselves to public life. The eradication of any space for forgiveness—a jettisoning of any tolerance for the complexities and contradictions of the human psyche—may leave us with a cast of characters at the helm we will grow to regret.
10. The psychologization of modern politics is leading us astray. Those who look to the political arena to nourish their soul and sense of self, who rely too heavily on their internal life finding expression in people they may never meet, will be left disappointed.
11. Our society has grown too eager to hasten, and is often gleeful at, the demise of its enemies. The vanquishing of an opponent is a moment to pause, not rejoice.
12. The atomic age is ending. One age of deterrence, the atomic age, is ending, and a new era of deterrence built on A.I. is set to begin.
13. No other country in the history of the world has advanced progressive values more than this one. The United States is far from perfect. But it is easy to forget how much more opportunity exists in this country for those who are not hereditary elites than in any other nation on the planet.
14. American power has made possible an extraordinarily long peace. Too many have forgotten or perhaps take for granted that nearly a century of some version of peace has prevailed in the world without a great power military conflict. At least three generations — billions of people and their children and now grandchildren — have never known a world war.
15. The postwar neutering of Germany and Japan must be undone. The defanging of Germany was an overcorrection for which Europe is now paying a heavy price. A similar and highly theatrical commitment to Japanese pacifism will, if maintained, also threaten to shift the balance of power in Asia.
16. We should applaud those who attempt to build where the market has failed to act. The culture almost snickers at Musk’s interest in grand narrative, as if billionaires ought to simply stay in their lane of enriching themselves . . . . Any curiosity or genuine interest in the value of what he has created is essentially dismissed, or perhaps lurks from beneath a thinly veiled scorn.
17. Silicon Valley must play a role in addressing violent crime. Many politicians across the United States have essentially shrugged when it comes to violent crime, abandoning any serious efforts to address the problem or take on any risk with their constituencies or donors in coming up with solutions and experiments in what should be a desperate bid to save lives.
18. The ruthless exposure of the private lives of public figures drives far too much talent away from government service. The public arena—and the shallow and petty assaults against those who dare to do something other than enrich themselves—has become so unforgiving that the republic is left with a significant roster of ineffectual, empty vessels whose ambition one would forgive if there were any genuine belief structure lurking within.
19. The caution in public life that we unwittingly encourage is corrosive. Those who say nothing wrong often say nothing much at all.
20. The pervasive intolerance of religious belief in certain circles must be resisted. The elite’s intolerance of religious belief is perhaps one of the most telling signs that its political project constitutes a less open intellectual movement than many within it would claim.
21. Some cultures have produced vital advances; others remain dysfunctional and regressive. All cultures are now equal. Criticism and value judgments are forbidden. Yet this new dogma glosses over the fact that certain cultures and indeed subcultures . . . have produced wonders. Others have proven middling, and worse, regressive and harmful.
22. We must resist the shallow temptation of a vacant and hollow pluralism. We, in America and more broadly the West, have for the past half century resisted defining national cultures in the name of inclusivity. But inclusion into what?
Excerpts from the #1 New York Times Bestseller The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West, by Alexander C. Karp & Nicholas W. Zamiska
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50 EUROS para gastar en amazon (españa) van a ser para una de las personas que haga 🔁 Retweet a este tweet y siga a Chollometro .
Dale todo el ❤️ que lleves dentro
Viernes decimos ganador
Lo más punki que hay es la democracia; gente dispuesta a callarse la boca y escuchar al otro aún a riesgo de terminar cuestionándote hasta tus propias convicciones. Es muy loco y salvaje todo.
Si después de ver esto sigues siendo racista, eres muy tonto.
Un show musical y político histórico.
CULTURA vs ICE
Venceréis pero no convenceréis.
Y ya veremos si vencéis.
Debí tirar más fotos de cuando te tuve…. https://t.co/FmCfDdKoFx
Macho Abad ha llegado con #enbocadebobos y la entrevista que te hará abrir los ojos. Tenemos todas las respuestas. Bueno, las que quiere él.
Programita:
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