Pienso y miro hacia atrás, recordando a la niña inquieta que fui. Intensa, risueña y torpe la mayor parte del tiempo. Ahora que he crecido, aprendí a reservarme. Soy más callada, más observadora, menos expresiva. Es como si todo lo viviera en mi interior.
Liberando dopamina cada vez que vuelvo a encontrarme con la música. Una extraña mezcla de alegría y conexión con cada letra. No sé, tranquilidad, quizás. La sensación de, por fin, poder ponerle un nombre a lo que estoy sintiendo. :]