Mi sobrina (4), sensible por falta de siesta, lloraba tras perder dos veces seguidas al Piedra, papel o tijera con su hermano (6). Aunque el acuerdo era a mejor de tres, él, amoroso y comprensivo, le susurró:
—Juguemos una más. Vos sacá tijera, ¿sí?
Ella sacó tijera.
Él, piedra.
Buenos días ♥
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Sigo pintando degradados e investigando con nuevos colores. Me encanta la tranquilidad y la paz que transmiten, ¿os gustan?
Pues las tenéis todas en mi web, algunas ya enmarcadas ♥
Espero que os gusten mucho y tengáis un feliz día.
Hai 15 anos, un día coma hoxe, publicábase no DOG o maior ataque á lingua galega, un decreto que prohibía e reducía o uso do galego no ensino
Os culpables teñen nome e apelidos
Este conteo se hizo con todos los nombres de los asesinados identificados por las familias.
Desde octubre de 2023 hasta octube de 2024
La mitad de lo que dura el video son menores de 18 años.
Los 10 primeros minutos no superan los 10 años de edad.
When lsraeI bombed the first hospital in Gaza, the world wouldn’t believe it and Israel blamed a misfired rocket from Hamas.
lsraeI has now destroyed all 36 hospitals in Gaza including its largest, the al-Shifa Hospital.
THIS IS A GENOClDE 💔
Justo antes de dormirse, mi hijo de dos años me ha tocado la cara. Muy suavemente. No como quien acaricia, ni como quien busca una respuesta concreta, sino con ese gesto instintivo y absoluto que sólo pueden hacer los que no han aprendido aún a pensar en términos de utilidad o de propósito. Me ha tocado como para asegurarse de que seguía allí. No para despertarme ni para decirme nada, sino simplemente para constatar que el mundo, su mundo —reducido en ese momento a una cama, una sombra, una respiración y una piel tibia— no se había deshecho en su ausencia. Que seguía siendo el mismo porque yo estaba ahí, aún, con la cara puesta, como si dijéramos.
Y yo, que me paso la vida justificando lo que hago, explicando por qué vale lo que escribo, negociando espacios, tiempos, atenciones, pertinencias… yo, en ese instante, he sabido lo que significa ser necesario sin hacer nada. Sin mérito. Sin gesto. Sin siquiera palabras. Porque él no me necesitaba por lo que sé ni por lo que logro, ni siquiera —y esto es lo que más desarma— por lo que soy. Me necesitaba porque existo. Punto. Porque soy su padre y estoy ahí y su mano, su cuerpo, su respiración confían ciegamente en que eso sea suficiente.
Y lo ha sido. Para él, lo ha sido. Y para mí, también.
(Acto seguido, se ha puesto a roncar. Un ronquido chiquitito, casi cómico, como si el cuerpo, después de dejarlo todo dicho con un dedo, necesitara soltar una carcajada diminuta antes de desaparecer en el sueño).