Al final nada me haría más feliz que estar con ella. Pero, no lo estamos y el amor no es suficiente como para que me digas que no soy sólo yo la que se equivocaba. Una disculpa nunca mata. Un quédate lo haré mejor tampoco.
Ese abrazo hubiera servido antes cuando decidiste faltarme el respeto y ridiculizarme otra vez, no ahora.
O tal vez cuando me gritaste en la cara que te daba asco y así no hubieras acabado con el amor que te tenía.
Ya nada más me falta aprender a manejar, dejar de llorar por todo, dejar de gastar mi dinero a lo pendejo, ser más culerita, dejar de sobre pensar, un drink y ya.