Hasta los vecinos de Paiporta fueron tachados de fascistas cuando, todavía llenos de barro de las calles donde aún soñaban poder encontrar a sus hijos con vida, protestaron contra Sánchez.
❓💥Sr. Marlaska, si nadie vio venir la entrada de 80.000 personas en Ceuta, tenemos un agujero de seguridad brutal en España.🚨
80.000 personas. El equivalente a una ciudad como Toledo moviéndose hacia nuestra frontera.
La pregunta ya no es quién falló.
La pregunta es cómo cojones sigue usted sentado en esa silla después de reconocer algo así. ¿Es que no se le cae la cara de vergüenza?
❓💥Sr. Marlaska, si nadie vio venir la entrada de 80.000 personas en Ceuta, tenemos un agujero de seguridad brutal en España.🚨
80.000 personas. El equivalente a una ciudad como Toledo moviéndose hacia nuestra frontera.
La pregunta ya no es quién falló.
La pregunta es cómo cojones sigue usted sentado en esa silla después de reconocer algo así. ¿Es que no se le cae la cara de vergüenza?
La versión del gobierno sobre lo que ocurre en Ceuta:
1- Las mafias.
2- Una crisis migratoria fortuita y casual.
3- La ultraderecha
4- Rusia
5- Elon Musk y las redes sociales
6- Los ceutíes y su racismo
Las acciones y medidas tomadas:
1- Convocar al embajador de Italia.
2- Exculpar a Marruecos y calificarlo de socio muy fiable y fiel.
3- Exigirle al Partido Popular que frene la violencia en Ceuta.
4- Aprobar ayudas millonarias para el CETI
5- Dar las gracias a Marruecos
6- Irse de vacaciones
Ninguna película de comedia, ningún comediante o guionista de ficción, podrá jamás superar esto.
Pues claro que los ceutíes se plantean hacer uso de la violencia para defenderse. Su Gobierno está del lado de los invasores, les han jodido la vida y, además, antes de todo han sido víctimas de un asalto violento. No seré yo quien les recrimine.
A ver si con dibujitos se entiende mejor.
Lo verde no cabe en lo naranja.
No se qué intereses oscuros os mueven a una parte de los políticos y periodistas a defenderlo, pero os pongáis como os pongáis, NO CABEN.
Ni racismo ni hostias.
Es que es nuestro país.
No se puede invadir.
Si entras ilegalmente a Tailandia 10 años de prisión
Si entras ilegalmente a Arabia Saudí 5 años de prisión y flagelación
Si entras ilegalmente a Rusia 5 años de prisión
Si entras ilegalmente a Japón 5 años de prisión
Y si entras ilegalmente en España... Todo gratis.
Pagas tú
¿Que tontería es esa de que no se le niega el pan a nadie? Que se pongan en la frontera por la parte de detrás y se pueden llevar el camión de la Cruz Roja entero, con las asistentas dentro, además.
Menos bobadas, por favor.
Bueno, está clara ya la estrategia de la izquierda para los próximos días: acusar a los ceutíes de racistas y de quitarles el pan de la boca a los pobres inmigrantes. O sea, triturar a las víctimas en su propia ciudad y mimar a los invasores para que haya un estallido social.
"El problema español es que el Estado se agiganta allí donde debería contenerse y desaparece allí donde resulta imprescindible.
Es implacable para recaudar, regular, prohibir y vigilar al español respetuoso con las leyes; pero demuestra una inquietante impotencia cuando toca proteger una frontera, garantizar el orden público o prestar unos servicios eficientes y eficaces. Cada vez esquilma más al contribuyente para ofrecerle menos, mientras invade parcelas crecientes de su libertad con la excusa de procurarle bienestar.
En Ceuta hemos contemplado la culminación de esa paradoja: un Estado con recursos para someter al ciudadano, pero sin voluntad para defenderlo".
Mazón estuvo 4 horas fuera de su puesto de trabajo durante la Dana y le denunciaron, le llamaron asesino y tuvo que dimitir.
Sánchez ha estado 25 días de vacaciones durante la invasión de Ceuta, con consecuencias nefastas para los ceutíes y ya verán cómo la culpa es de otros.
Imagínate que vives en una urbanización normal, de trabajadores.
Tú y tus vecinos salís a trabajar, volvéis a casa, sacáis a los perros, algunos tenéis hijos, etc. Lo normal.
En la urbanización hay dos locales vacíos de dos tiendas que cerraron o se mudaron de lugar y, un día, dos grupos de personas, de las que no sabes nada, entran en los locales y se quedan a vivir.
No trabajan. No tienen horarios establecidos. Ruidos. Consumen droga. La higiene brilla por su ausencia. Gritos. Peleas constantes.
Comienzan a robar a los vecinos: primero ropa de los tendederos, paquetes de correos o Amazon, piden dinero continuamente o hurtan al descuido.
Luego escalan. Comienzan a dar tirones a los bolsos. Después a collares y pendientes provocando lesiones y caídas y continúan amenazando con navajas o directamente dando una paliza al chaval del quinto que iba con el móvil en la mano.
O haciéndole un mataleón a tu vecina Pilar, que tiene 85 años. Y ahora está grave.
Trafican con droga. Y siguen escalando.
Un día, violan a una chica que pasaba por la noche cerca de la urbanización cuando volvía del cine hacía su casa.
Y escala. Las agresiones sexuales se suceden. Las peleas. Los robos. Incluso algún homicidio. Un ajuste de cuentas. Un robo que salió mal.
Y tú, vecino o vecina, que te levantas a las cinco de la mañana para ir a trabajar, para pagar impuestos para que toda la ralea política viva de ti, ves como en televisión, tertulianas y políticos te dicen que tu urbanización está bien, que no hay inseguridad, que estás exagerándolo por culpa de los discursos de extrema derecha del barrio pijo que ve como tu urbanización decae.
E incluso dudas. Igual tienen razón.
Pero vuelves a casa y a tu hijo le han dado una paliza y a tu sobrina que iba con él la han intentado violar en el callejón aunque por suerte tres vecinos pudieron intervenir y llamar a la policía, salvándola.
Entonces viene el miedo. Es real. Tus hijos ya no van a la escuela ni a jugar a la calle, por si les roban, agreden o algo peor.
Llegas a casa de trabajar, sin fuerzas y pones la televisión.
Quieres ayuda. Que acabe ya. Que alguien venga y acabe con la inseguridad y miedo que sufrís en tu urbanización por culpa de unos indeseables a los que nadie invitó, que entraron por la fuerza y a los que blanquean desde poltronas y platós porque no les importáis una mierda.
Y entonces, te llaman nazi.
El Estado, al que corresponde el uso legítimo de la violencia, desaparece ante una invasión de 80 mil marroquíes, que entran sin impedimento alguno en una ciudad con casi los mismos habitantes.
Se cometen violaciones, robos, saqueos y agresiones diarias durante un mes mientras el Presidente está de vacaciones y algunos miembros del Gobierno aseguran que la situación en Ceuta es de total normalidad, que habían regresado casi todos los invasores y que no es posible ni necesario invocar la Ley de Seguridad Nacional o los estados previstos en el 116 CE.
Un mes después, el plan consiste en invocar la Ley de Seguridad Nacional, reconocer que no se fueron todos los invasores, negar que el Presidente estuviera de vacaciones y llamar racistas y nazis a los ceutíes que sólo quieren recuperar el orden público y la normalidad mientras se despliega a policías en los colegios para garantizar la seguridad de los críos de cara inicio del curso escolar.
El cuerpo del comunista: la cabeza chilena, el cerebro español, el corazón cubano, el estómago chino, el hígado soviético, las manos venezolanas y las piernas camboyanas.
La cabeza chilena piensa que el socialismo se puede conquistar por las urnas y con un discurso de «vía propia». Allende lo intentó; el experimento duró mil días, terminó con tanques en La Moneda y con el propio presidente muerto. Felizmente. Décadas después, el Partido Comunista de Chile sigue explicando que el problema no fue el modelo, sino que «no lo dejaron». La cabeza sigue intacta: nunca es el plan, siempre es el contexto.
El cerebro español elabora la teoría. En la Guerra Civil hubo quien soñó con ser «el segundo Lenin» y convertir la península en una URSS ibérica. Los intelectuales se comprometieron, los poemas se escribieron, y luego muchos descubrieron que el partido también fusilaba a los que se desviaban. El cerebro produce manifiestos brillantes sobre la justicia social y luego se sorprende cuando la práctica no coincide con el folleto.
El corazón cubano late al ritmo de «Patria o Muerte» desde 1959. Fidel prometió dignidad y alfabetización; el resultado fue un país donde la gente se lanza al mar en balsas, los médicos se exportan como esclavos y el discurso oficial sigue culpando al bloqueo de que no haya jabón. El corazón es romántico: prefiere la épica falsa de la Sierra Maestra a contar las colas y los muertos.
El estómago chino sobrevivió al Gran Salto Adelante. Mao quiso adelantar la industrialización fundiendo herramientas en patios y declarando récords de producción de acero y grano, que dejaron decenas de millones de muertos por hambre. Después vino la Revolución Cultural para corregir el rumbo. El estómago aprendió a masticar consignas cuando no había arroz.
El hígado soviético procesó planes quinquenales, vodka y denuncias. Industrializó a costa del Holodomor, llenó el Gulag y produjo un imperio que se desmoronó cuando ya no pudo esconder que las cifras eran mentira. El hígado es resistente: aguanta décadas de escasez y sigue defendiendo que «en la URSS se vivía mejor» mientras busca el archivo que demuestre lo contrario.
Las manos venezolanas gestionaron la mayor reserva petrolera del mundo y la convirtieron en hiperinflación, éxodo masivo y un país donde la gente pesa bolívares en vez de contarlos. Chávez y Maduro hablaron de soberanía y de imperio; las manos repartieron cheques hasta que se acabó la caja. Ahora las mismas manos firman decretos de «guerra económica» mientras millones se han ido andando.
Las piernas camboyanas recorrieron el Año Cero de Pol Pot. El jemer rojo vació las ciudades, abolió el dinero, las gafas y a cualquiera que pareciera letrado. Casi un cuarto de la población desapareció en los campos. Las piernas caminaron hacia el paraíso agrario y encontraron fosas llenas de cadáveres.
El conjunto forma un cuerpo amorfo donde cada parte tiene su justificación histórica, su himno idiota y su explicación de por qué esta vez sí va a funcionar. Cuando el experimento fracasa, el cuerpo no se disuelve; se recompone en otro país, con otro acento y el mismo manual. El diagnóstico siempre es el mismo: no era verdadero socialismo.
Me parece acojonante que un grupo de 30 delincuentes pueda emboscar EN CEUTA un vehículo militar (una antigualla que debería estar en un almacén o en un museo) y apedrear a placer a cuatro soldados.
O el Estado aparece en Ceuta o aparecerá la Nación en Ceuta.
Los niños ceutíes van a tener que ir al colegio con el ejército protegiéndoles.
Como los negros en Alabama en los años 60 del siglo pasado.
Sígueme para más consejos sobre cómo perder todos tus derechos en tu propia tierra con Pedro Sánchez.