Un día, de repente, mi hermano pequeño dejó de sonreír. Tenía solo 6 años. Empezó con un miedo inexplicable a ir a la escuela. Le suplicaba a mis papás quedarse en casa. Se hacía el enfermo y lloraba sin control.
Nadie entendía qué estaba pasando.
A todos los que dicen que lo que pasó en el Saco Oliveros se podría haber evitado si los padres de la niña la criaban mejor: tener unos padres fantásticos no evitó que yo pensara en el suicidio por el bullying escolar. Si no han vivido ese nivel de violencia, mejor es escuchar