Promovemos la cooperación interreligiosa, evitamos la violencia por motivos religiosos y creamos culturas de paz, justicia y sanación para la Madre Tierra.
Cultivar la paz es un arte sutil,
que transforma el mundo en un sueño gentil.
Es un campo que todos podemos labrar,
donde la compasión comienza a brotar.
Si juntos cuidamos esta cosecha,
veremos la paz en cada cosecha.
En los jardines del alma florece
la armonía que al odio desvanece.
Regamos el perdón con manos abiertas,
y el rencor lo olvidamos en puertas desiertas.