si entras a un país para trabajar, respetar sus leyes, integrarte y aportar, bienvenido seas, da igual tu origen, tu nacionalidad o tu religión, pero si vienes a delinquir, generar inseguridad o despreciar las normas del país que te acoge, no tienes nada que hacer aquí
A veces me pregunto
si el amor entiende
de promesas,
de tiempos
o de nombres.
Y cuanto más lo pienso,
menos respuestas encuentro.
Porque hay sentimientos
que no nacen
para ser comprendidos,
solo para enseñarnos
que el corazón
nunca ha sabido obedecer.
¿Es culpa mía
por sentir demasiado?
¿O es culpa del destino
por cruzar caminos
que nunca debieron encontrarse?
Quizá no sea culpa de nadie.
Quizá el amor
nunca preguntó
si era el momento,
si era lo correcto
o si estaba permitido.
Simplemente llegó…