MARCO RUBIO ACABA DE DESTRUIR EL MITO COMUNISTA PARA SIEMPRE!
«Dicen que el comunismo “suena bien en teoría, pero falla en la práctica”.
Mentira rotunda.
El comunismo nunca sonó bien, ni siquiera en la teoría.
Lo que propone es un mundo oscuro, plano, gris y miserable: un hormiguero humano donde todo lo excepcional se corta de raíz, donde la grandeza es un delito y la diferencia, un pecado.
Un mundo sin coraje, porque el valiente es peligroso.
Sin creatividad, porque el genio amenaza al rebaño.
Sin ambición, porque aspirar a más es “egoísmo burgués”.
Sin héroes, sin gloria, sin grandes causas que enciendan el alma.
Un mundo sin milagros, sin hombres que se eleven y logren lo extraordinario.
Un mundo sin Dios.
Para los arquitectos de la envidia revolucionaria, la civilización occidental, con sus catedrales, libertades, genios y conquistas, no es un logro: es una humillación intolerable.
Les recuerda cada día lo que ellos jamás podrán crear.
Y como no pueden construir, destruyen.
Como no pueden elevarse, arrastran todo hacia abajo.
Como no pueden brillar, apagan la luz.
El comunismo no es un error económico.
Es un odio existencial contra la grandeza humana.
Por eso siempre termina igual: en miseria, sangre y tumbas.
Nunca fue una utopía.
Siempre fue una distopía disfrazada de compasión.
Vía @Jhonffonseca
MARCO RUBIO ACABA DE DESTRUIR EL MITO COMUNISTA PARA SIEMPRE!
«Dicen que el comunismo “suena bien en teoría, pero falla en la práctica”.
Mentira rotunda.
El comunismo nunca sonó bien, ni siquiera en la teoría.
Lo que propone es un mundo oscuro, plano, gris y miserable: un hormiguero humano donde todo lo excepcional se corta de raíz, donde la grandeza es un delito y la diferencia, un pecado.
Un mundo sin coraje, porque el valiente es peligroso.
Sin creatividad, porque el genio amenaza al rebaño.
Sin ambición, porque aspirar a más es “egoísmo burgués”.
Sin héroes, sin gloria, sin grandes causas que enciendan el alma.
Un mundo sin milagros, sin hombres que se eleven y logren lo extraordinario.
Un mundo sin Dios.
Para los arquitectos de la envidia revolucionaria, la civilización occidental, con sus catedrales, libertades, genios y conquistas, no es un logro: es una humillación intolerable.
Les recuerda cada día lo que ellos jamás podrán crear.
Y como no pueden construir, destruyen.
Como no pueden elevarse, arrastran todo hacia abajo.
Como no pueden brillar, apagan la luz.
El comunismo no es un error económico.
Es un odio existencial contra la grandeza humana.
Por eso siempre termina igual: en miseria, sangre y tumbas.
Nunca fue una utopía.
Siempre fue una distopía disfrazada de compasión.
Vía @Jhonffonseca