Todas las noches a la misma hora me siento en el sillón y Torito se me acerca a 10 cm y me mira así. No sé qué pasa por su cabecita pero a mí me derrite este ritual.
El bostezo. El bostezo del representante de Israel mientras el de Palestina se rompe recordando los miles de niños asesinados.
Ahí está todo: la crueldad fascista ante el dolor que su destrucción provoca. Ese bostezo que también representa la desidia del mundo ante el genocidio.