Con fotos así uno hasta entiende a los negacionistas...
Cuánta belleza. Cuánta fragilidad.
Podremos haber visto imagenes similares en el cine cientos de veces... Pero la realidad supera a la ficción.
Imagina poder ver esto en directo... Y no llorar.
La única escena de Torrente que he visto en mi vida es que cuando ve a una mujer dormida Torrente decide follarsela, vamos básicamente que la viola. La gente se ríe.
Le enseña a los niños que ser un cerdo, fascista y violador es gracioso y admirado.
Y la gente aplaude.
Cuando muere alguien como Robe uno se pregunta cómo puede doler que muera alguien que, al fin y al cabo, no conoces personalmente. La respuesta es que él es el que te conocía personalmente a ti.
Es lo que tienen los filósofos que en vez de libros escriben poesía.
#RobeIniesta
Hoy ese país amanece más solo. Su agencia de comunicación lo confirmó en la madrugada del 10 de diciembre. No detallaron la causa. No hacía falta.
El país entendió automáticamente que se había ido Robe, alguien que no encajaba en los moldes, alguien que nunca quiso ser ídolo pero terminó siéndolo por insistencia de quienes necesitábamos una voz que no mintiera.
Toda una generación encontramos en sus letras un modo de explicarse el mundo, por lo que sabemos que lo que se pierde no es solo a un artista. Se pierde una forma de nombrar la vida sin maquillaje.
Robe hablaba de amor, de sexo sin subterfugios, de autoestima que se construye desde el barro, de las derrotas de las y los de abajo. Hacía poesía sin pedir permiso a la RAE. Era académico de un país que nunca entró en el aula.
Sus conciertos eran rituales: miles de personas cantando sobre el dolor como si hacerlo lo convirtiera en una herramienta de supervivencia.
Hoy, el rock español queda huérfano de su figura central.
Y quienes aprendieron a sostenerse con Ama, ama, ama y ensancha el alma saben que hay silencios que duelen más que el ruido.
Hasta siempre, Robe.
Hasta siempre, siempre, siempre.