Imagina perder el contacto conmigo y no volver a escuchar mis preguntas raras, no sentir mi amor, no escuchar mi risa y sentir constantemente la ausencia de mi presencia.
Yo no nací para ser bandida porque a mí me encantan los planes familiares, vivo enamorada del amor, las citas románticas, las cartas a mano y los besos en la frente.
Es curioso cómo muchas personas terminan en terapia no por algo que hicieron, sino por el daño que alguien más les causó y nunca asumió. Padres ausentes, parejas manipuladoras, amistades traicioneras, jefes explotadores… La lista es larga.