Si alguien me preguntara cómo quiero ser amada, probablemente hablaría de flores y palabras bonitas. Pero al final, deseo un amor que permanezca. Donde no tenga que analizar silencios, ni pedir pruebas para sentirme querida. Un amor que no convierta la tranquilidad en ansiedad.
Quisieron venderme la idea de que Dios solo se encuentra en una iglesia. Pero yo lo conocí en mi soledad, en mis miedos, en mi sufrimiento, pero también en mis procesos, en mis logros y en mis triunfos.