Madurar es aceptar que yo también fui la mala en algunas historias. Que también lastimé, incluso tomando decisiones que creí correctas porque no sabía ni tenía la sabiduría que tengo hoy. Yo también la cagué y sigo aprendiendo.
Cuanto más adulta te haces, más te das cuenta de que no se trata de quien te conoce más tiempo, se trata de quien te hace sentir única, escuchada, apreciada, apoyada y amada.