Los románticos siempre seremos románticos, nos correspondan o no, nos entiendan o no, nos valoren o no. Ser románticos es en sí un tesoro, porque así amamos, así vemos la vida y así es nuestro lenguaje.
El amor nos vuelve narrativos. Nos induce a ejercitar la conversación interna frente a la observación de algo que produce una sensación tan hermosa y satisfactoria, que amerita ser descripta.
Somos hijas de la luna, de la tierra y de los ciclos que nos habitan. A veces olvidamos que nuestra energía también florece con la luz del sol, la caricia del viento y el silencio de la naturaleza.
Si algo tiene un valor absoluto para mí, es la autenticidad innegociable. Esa templanza para mantener un eje propio y no andar prostituyendo la personalidad para complacer al entorno de turno.
Pero claro que sí. Contame como el arte te abrió la cabeza, dónde estabas, quién te lo mostró o cómo descubriste. Contame cómo te salvó la vida. Hablemos entre nosotros. Para qué sirve si no es para eso.
Me da mucha bronca cuando hacen cosas pensando que no me voy a dar cuenta, quizás es enfermo de mi parte darme cuenta de todo, pero sepan que yo SÉ TODO genuinamente no se me puede ocultar nada, porque presiento absolutamente todas las intenciones
Toda expresión del alma es vida. Es el pulso de existir, el impulso por vivir, los esfuerzos sinceros por sentirse, de una vez por todas, en paz. Por eso, lejos de exagerar, el arte va a salvarte la vida.
Porque expresarse es crear. Y crear es dar vida.
Las brujas elegían vivir en soledad en el bosque para proteger su energía y cuidar su proceso espiritual.
El camino espiritual es ermitaño y requiere de cierta soledad, también el alejarse para no contaminarse.
Aunque también formaban aquelarres, elegían con quienes conectarse.