Me inundaron el feed con edits de Rápidos y Furiosos y ya me agarró alta manija de retomar semejante obra. Qué buena saga, de mis predilectas históricamente.
Con su partida se fue el último gran mito viviente del rock nacional, un tipo que logró mover multitudes inéditas a pura poesía y mística contracultural, sin transar nunca con el sistema.
Frente a tanta hostilidad y cinismo cotidiano, apelar a la sensibilidad es la única resistencia válida. Como dijo el Indio, "Todo lo que pilotea el amor es de una belleza victoriosa". Un nivel de poesía indomable.
Qué viaje, me saturaron el feed a notificaciones y ya flashé un repudio generalizado. ¿El trasfondo? Totalmente difuso, al final era simplemente que se re pegó el último tweet y descompaginó el algoritmo.
Si algo tiene un valor absoluto para mí, es la autenticidad innegociable. Esa templanza para mantener un eje propio y no andar prostituyendo la personalidad para complacer al entorno de turno.
Qué desgracia haber tenido que seguir semejante partido desde el laburo y terminar enterándome por fragmentos y resúmenes. Aun así, no deja de generar un orgullo inmenso ser argentino y tener el privilegio de ver a Messi hacer historia una vez más.