ASUNCIÓN
Te asumió en abrazo eterno
el que acogiste en tu seno.
Te llamó a la plenitud
aquel a quien diste todo.
Le respondiste «Hágase»
y dijo «En Ti, para siempre»
Lo que guardaba tu corazón
se convirtió en profecía
y, atravesando los siglos,
nos sigue hablando
del Dios de los rotos,
de los solos,
los desheredados,
que todo lo transforma
con su lógica distinta.
Al abrirte su cielo,
nos mostró el camino.
Sus promesas, en Ti cumplidas,
nos alientan a navegar
del pesebre a la cruz,
en busca del Amor que vence.
En Ti, venció.
El es Rey. Mi hermano más peque.
Rey tiene Síndrome de Down y ayer tuvo su primer velada de gimnasia artística.
Después de 11 años mis papas (ya mayores) lo anotaron en un deporte. Sugerido por sus respectivas terapistas.
TAMBORES DE GUERRA
En silencio,
en lo escondido,
se pelean
las batallas
más encarnizadas.
Contra el espejo interior,
que me reprocha
sueños imposibles,
afectos de piedra,
proyectos sin fecha.
Contra el mundo,
que tantas veces
me descoloca,
exige de más
o de menos,
me provoca o seduce,
me envuelve y aturde.
Contra ti,
Señor de lo escondido,
palabra callada,
promesa sin hora,
presencia velada,
distante cercanía
que tan pronto brillas
como te me ocultas.
En el silencio,
en lo escondido,
peleamos tú y yo.
A brazo partido,
a puro misterio,
a corazón abierto.
Toda la vida es
este combate.