Dejen de culpar a los docentes y háganse cargo de sus hijos. Sáquenles las pantallas y métanlos en deportes. Mírenlos a la cara. Oblíguelos a cenar en familia. Pregúntenles cómo están, qué hicieron, si tienen tarea. Revisen sus cuadernos. Llévenlos al pediatra y al psicólogo.
Y los únicos argentinos que sirven a la nación son los de norte porque los porteños putos tienen ansiedad y creen que no tienen que servir al país como el resto de los argentinos.